domingo, 22 de mayo de 2011

Cuentos de juramentos e hipócritas

Muchas interpretaciones pueden darse a la puesta en escena del llamado “Juramento por la democracia” que hiciera en estos días el candidato comandante Ollanta Humala, el cual estuvo matizado por un video del ahora “creyente” escritor Vargas Llosa y con el pre acompañamiento de su hijo Álvaro a través de declaraciones y una entrevista concedida a Rosa María Palacios.

La primera lectura pasa por entender qué significado y valor puede tener este penoso espectáculo en el que se ha pretendido quitarle majestad y valor al verdadero juramento que prestará el próximo 28 de julio, quien sea electo. En segundo lugar, cabe preguntarse qué cosas pasan por las mentes de los Vargas Llosa para apoyar a este personaje, más aún cuando su territorio de acción no es precisamente el Perú, y cuando antes de la primera vuelta Humala era el diablo personificado; o mejor dicho, Chávez en su versión local.

A mí lo único que me queda claro es que el corazón del “buen soldado” y la esencia de su ser político, sigue siendo chavista más que nunca. Para ello, basta con hacer algunos paralelos que con toda seguridad seguirán apareciendo en las próximas dos semanas; y que –Dios no quiera- serían el pan de cada día en un eventual gobierno “nacionalista”.

El primer paralelo es precisamente con el fulano juramento: al ganar las elecciones, y en su primer encuentro con la prensa, el comandante Chávez se mostró conciliador, vendedor de esperanzas, casi que todo un estadista al que se le podía creer lo que decía que iba a hacer. Después de todo, tras casi 40 años de bipartidismo en Venezuela, había que creer en alguien. No obstante, cuando juramentó como presidente, rompió todo protocolo y expresó “Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo que sobre esta moribunda Constitución impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la República nueva tenga una Carta Magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro”. Lo que siguió, es historia.

El hecho de que Humala haga un juramento (que obviamente no tiene nada que ver con el que se hace el 28 de julio) es un intento más para planchar su traje radical y hacer creer que sus ideas extremistas no son las mismas… y los Vargas Llosa, supuestamente se lo creyeron. Por ello, Mario habló de un “plan de gobierno rectificado” (¿eso existe?) y Álvaro de “un genuino esfuerzo de concertación” (o sea, pobrecito el comandante que no conciertan con él).

Así como al ex militar no se le cree nada, así jure calato, a las 3 de la mañana, en la punta del Cerro San Cristóbal; a los Vargas Llosa les suena bien hipócrita su –ahora- lógica y razonada fe ciega en el que hasta hace unas semanas podía ser parte de un “gobierno populista” más en la región. Por cierto, la idea del “regreso de una mafia al poder” de ganar Fujimori, me lleva a pensar que en el Perú la justicia no existe y otros tantos supuestos que la realidad niega. Es decir, los anti populistas, ahora apoyan al “nacionalista” con argumentos retóricos.

El Perú no es una novela, y lo que se juega no es un final feliz: es la continuidad de un modelo que, con todas sus imperfecciones, nos está llevando por buen camino. Ese camino no debe torcerse por juramentos, promesas, libretos o cuentos, y mucho menos por personas que demuestran ser unos tremendos hipócritas.

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