domingo 31 de julio de 2011

Por mi madre

Pues no nos equivocamos: desde el momento en que estaba asumiendo el mando de la nación, el ex comandante, ahora presidente, Ollanta Humala generó polémica (y ni hablar del espectáculo continuo de la congresista Martha Chávez durante el discurso) en el Congreso.

Si queremos resumir la primera alocución presidencial en pocas palabras, basta con decir que el discurso fue más de un político, que de un presidente que asume las riendas del país. Por ello, lo más discutible fue sin duda el juramento por la no vigente constitución de 1979, lo cual genera suspicacias en torno a un cambio o reforma de la Carta Magna en un futuro y tendría reacciones negativas en los mercados de seguir con este tipo de alusiones en el corto plazo.

En una nación con un crecimiento sostenido como el caso del Perú lo que más se esperaba eran anuncios relacionados con la economía, no declamaciones políticas que por el entorno sonaron politiqueras.

Si bien es cierto que en su conjunto el discurso no generó sobresaltos por medidas populistas, no se percibió algún lineamiento rector y diferenciador de su gobierno. La única medida concreta, con implicaciones económicas y con fecha, fue el aumento del salario mínimo en 75 soles en agosto y en otros 75 el próximo año para así honrar su promesa electoral; sin embargo, entró en contradicción con la anunciada creación del “consejo económico y social”, que supuestamente tendría un carácter consultivo.

Los aumentos de salario por decreto sin consulta ni concertación previa, siempre tienen consecuencias indeseadas. En ese sentido, los anuncios de ajustes salariales a militares, policías, magisterio, la “beca 18”, la “pensión 65” en su versión reducida y otras que implican gastos para el tesoro público, pondrán a trabajar inmediatamente al ministro de economía para sacar cuentas y ver la factibilidad de implementar lo que parecieron nuevas promesas de campaña.

Por otro lado, creo que hubo un mal inicio desde el punto de vista comunicacional, y por varios frentes, situación que pudo haberse evitado. El intempestivo redireccionamiento de la página Web de la presidencia de la República (www.presidencia.gob.pe) hacia la página particular de campaña electoral (www.ollantepresidente.pe), colocando ésta última como la oficial, demuestra la improvisación y despierta la curiosidad sobre si en las comisiones de transferencia existieron profesionales de la comunicación que previeran estos temas, y si el nuevo gobierno los tiene.

Ni hablar de los gestos, ademanes, vestimenta y otras actitudes de la –ahora- primera dama Nadine Heredia quien, si no ha dado más de qué hablar, es porque apenas tiene tres días de acompañar a su esposo como presidente y estamos en medio de un feriado largo. Por lo pronto, su alharaquiento perfil en facebook ha sido eliminado, y esperemos que no pretenda tener su propio dominio-despacho como lo tuvo en su momento Eliane Karp.

Volviendo al juramento: creo que solo faltó consultar a la corte celestial para determinar si su estrafalaria declamación inhabilitaba a Humala para ocupar el sillón de Pizarro. Particularmente me hizo recordar cuando Hugo Chávez juró la primera vez “por esta moribunda constitución”. El nuestro juró por una “fallecida” constitución, lo cual no sé si contiene un mensaje subliminal. De todas formas, por mi puede seguir jurando hasta por los clavos de Cristo, pero que haga un buen gobierno y no se deje influenciar por ideologías cavernícolas, que eso sí sería para preocuparse. Por mi madre que sí.

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domingo 5 de junio de 2011

Besar a la rana o al sapo

Si de sensaciones se trata, la que tengo hoy –antes de ir a votar- no es la misma que la del 10 de abril durante la primera vuelta electoral. La de hace semanas, fue una de expectativa, de confianza, de esperanza, de creer que el rumbo por el que viene caminando el Perú desde hace varios años no sufriría grandes variaciones. Sin embargo, los flashes informativos a las cuatro de la tarde (ese día) me dejaron en el estado que -todavía hoy- hace que revolotee en mi cabeza la pregunta ¿por qué llegamos a esta situación?

Muchos lo tienen claro, pues el resentimiento social sigue siendo en el Perú (al igual que otros países de Latinoamérica) el recurso más utilizado para arrancar en la población el motor anti sistema, anti político y todo lo “anti” que permita captar votos; lo que a la larga, es lo último que le importa a muchos candidatos.

Otros electores, por el contrario, se atrincheran en su “quemeimportismo” para viciar su voto, para votar en blanco o hasta para preferir pagar su multa y no ir a votar. Lo que ellos no saben es que se convertirán en los nuevos resentidos (políticos o sociales) dentro de cinco años, consecuencia de pase lo que pase, gane quien gane, y se quejarán, pero advirtiendo, “por eso no voté por él/ella”.

Es triste concluir que esta campaña presidencial sólo se basó en los ataques, en las descalificaciones personales, en la genealogía de los candidatos, pero nunca en la calidad del postulante a gerente y muchos menos en su “propuesta gerencial”. Hoy, en este último paso, está clarísimo que el destino del Perú no será el mismo si gana uno u otra, ya que si en los planes de gobierno nos basamos, las cartas están echadas y destapadas. No obstante, la incertidumbre se respira y se transpira en todo lugar, en el país y el extranjero.

¿Qué hacemos ahora? ¿Nos cruzamos de brazos? ¿Comentamos las malas jugadas durante tres días, como es costumbre ante los malos partidos de la selección de futbol? ¿O simplemente, aquí no pasó nada? La respuesta no la tendremos hoy… supongo que el 28 de julio, cuando asuma el (la) nuevo mandatario(a) veremos algunas luces sobre el “nuevo” camino para los próximos cinco años. Así que, mientras tanto, voy saliendo a votar. No soy tan caradura como para no hacerlo, o para desperdiciar mi voto, dejando que otros decidan en mi nombre. Para mí, rana no es lo mismo que sapo.

Fuente ilustración: Zapatazos de El Nacional (Caracas), 4 de junio de 2011

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