domingo, 20 de mayo de 2007

Una nueva lista para Chávez

Miles de personas marcharon el sábado en Caracas. En un ejercicio que ha sido casi costumbre en estos ocho años de gobierno -primero bolivariano, luego revolucionario, y ahora socialista- la única forma de hacer catarsis se hizo presente, esta vez, para protestar ante el posible cierre de una canal de televisión opositor. A pesar de los tímidos esfuerzos oficiales para evitar la concentración (alcabalas en las entradas a Caracas, o mercados populares a precios subsidiados), ríos de gente se congregaron y reclamaron.

Sin embargo, donde no hubo gente pese al esfuerzo mediático, pese a los gritos histéricos y cantinfléricos del vicepresidente de la República, fue en los lugares donde se vienen llevando a cabo las inscripciones para el “partido” de Chávez, el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), que no tiene nada de socialista, mucho menos de unido y quien sabe si algo de autóctono.

Para el venezolano –y para los latinoamericanos en general- el inscribirse a un partido, y el obtener el famoso carné partidista, ha sido muy pocas veces un acto de convicción. En realidad, se ha hecho con toda la intención de acceder a ciertas ventajas o verse favorecido por el partido en el poder. Esta no sería la excepción, por lo que resultan “extraños” ciertos elementos.

En primer lugar, si Chávez obtuvo más de siete millones de votos, de gente convencida de que él es el salvador de la patria, y de que su “socialismo del siglo XXI” es el camino, ¿porqué no hay un flujo similar en las inscripciones? ¿Dónde están los millones de chavistas haciendo cola? La presión que se viene ejerciendo a los empleados públicos, y a los que tienen alguna relación comercial con el gobierno para que se inscriban, son algunos hechos que demuestran la farsa. Para colmo, se vende como que será el partido “más democrático” de la historia venezolana.

Por otro lado, si son inscripciones a un partido, no se entiende porque darle el calificativo de “aspirante a militante” a la poca gente que se anima a dicha aventura; a menos que en el proceso haya un filtro, una escogencia, una selección de quien sí, y de quien no, puede pertenecer al nuevo mamotreto.

Supuestamente, luego de finalizadas las famélicas inscripciones, se elegirán a los voceros de los “batallones” (Chávez nunca perderá la costumbre de colocarle denominaciones militares a todo lo que haga), quienes asistirán a una segunda fase de formalización de su esperpento partidista. Sin embargo, los ministros y otros altos cargos públicos, también se inscribieron para ser “aspirantes”, pero muy bien ataviados con chaquetones y cachuchas rojos con las iniciales del novel partido. ¿Y si no los aceptan? Por lo menos se quedarán con las prendas de recuerdo, aunque con la suerte que tienen, seguro que son “electos” voceros.

En segundo lugar, los exasperados llamados y la evidente desesperación del gobierno por –literalmente- arriar gente, hacen ver un trasfondo: el ex militar golpista no tiene en realidad el apoyo que jura y perjura tener. Esa “maquinaria”, que trabaja muy bien para llenar largas avenidas para sus mítines, sólo funciona con dinero, con autobuses, con paseos a la ciudad; pero en este caso, no sirve de nada.

Por otro lado, pensando con malicia -como hay que hacerlo con todo lo que involucre al gobierno- a nuestro modo de ver las inscripciones en el PSUV puede funcionar como una reedición de la famosa “Lista Tascón”, aquella que le colocó una equis en la frente a todo venezolano que firmó en contra del “líder de la revolución” para el Referéndum Revocatorio.

En este caso, quienes no se inscriban, están contra el PSUV; y quienes estén en contra del partido, están contra Chávez… y eso, lo dijo él mismo, no lo estamos inventando. O sea, una actualización de la lista, con huellas digitales, dirección, lista familiar y todos los datos que un buen gobierno represor debe tener para chantajear, asustar, amenazar o simplemente para no otorgarle los servicios que el Estado está obligado a darle a todos sus ciudadanos. Tremendo pretexto resultó la creación del partidito único.

Con la nueva lista quizás sólo los “aspirantes” que se conviertan en “militantes” serán los elegidos para recibir leche, azúcar, arroz, aceite y demás alimentos de la cesta básica, en el próximo “megamercal” que organice el gobierno. Los demás, que hagan su penitencia colectiva, de largas colas o de paseo por varios supermercados, a ver si encuentran algo. Con la nueva lista, quizás sólo los que caminen con su camiseta roja, o con la estrella roja en la frente puedan expresar lo que les de la gana (pero siempre a favor del gobierno), porque los demás serán contrarrevolucionarios y no merecen ni respirar.

Mientras tanto, veremos qué sucede en esta semana decisiva. Con lista o sin lista, el gobierno se prepara para cerrar un canal de televisión. Un gran paso que lo corona, de una buena vez, como el dictador que hace tiempo es. Un elemento más para la lista de abusos, otro más…

Ilustración:

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1 Comments:

At 4:45 a. m., Blogger Miguel Pinto said...

Mejor dicho imposible, es una verdad como un templo, eso del PUS, no es mas que la reconstrucción aumentada corregida y actulizada de las listas tascon y maisanta. Ya empezaremos a ver los desmanes contra los que no se doblegaron a la presión o los que no sean aptos para formar parte de las filas del PUS.

Triste realidad la venezolana.

 

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