viernes, 2 de mayo de 2008

La cosecha del petróleo venezolano

El encarecimiento del petróleo viene dado por una multiplicidad de factores y no solamente porque alguien lo diga, sentencie o promueva. Una elevada demanda ante una producción limitada (y represada por algunos países), la insuficiente capacidad para la refinación, los incidentes geopolíticos (guerras en zonas petroleras) y la especulación en los mercados, son algunos de los elementos el que hoy nos encontremos hablando de un barril a más de US$ 100.

Algunas gotas de cultura petrolera

Existe una buena cantidad de tipos de petróleo crudo, los cuales se diferencian por su calidad, por los países que lo producen o por el mercado en el que se comercializa.

Los crudos de referencia, cuyos precios han alcanzado los mayores niveles en los mercados internacionales son: el West Texas Intermediate ("Petróleo Intermedio de Texas" - WTI), que se cotiza en el mercado electrónico de Nueva York (NYMEX); y el "Brent", que se negocia en Internacional Petroleum Exchange (IPE) de Londres y que sirve de referencia en Europa.

La llamada “Cesta Opep” es un conjunto de trece tipos diferentes de crudo, cuyos precios se promedian y se divulgan al día siguiente de su cotización. Su nombre obedece a que los productos que la conforman provienen de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep); sin embargo, no todos los crudos del cártel se encuentran ahí.

En el caso venezolano, también existe un conjunto de crudos que conforman la “Cesta Petrolera Venezolana”. La diferencia entre el WTI, el Brent, la cesta Opep y la venezolana se encuentra en su composición: a menor cantidad de azufre, se consideran más “ligeros” y son más aptos para la producción de gasolina y otros combustibles.

En el otro extremo, mientras más “pesados” sea el crudo, más complicado y costoso será su proceso de refinación. Por ello, el West Texas y el Brent suelen ser los más caros, le sigue la cesta Opep y la Cesta Venezolana tiene una cotización por debajo de todos ellos.

Al referirse a barriles de petróleo, muchos se imaginan un gran pote de metal, una especie de lata grande llena de crudo que se comercializa de un extremo a otro del mundo; pero no es así. El barril de petróleo es una medida ideal, una referencia, y equivale a 42 galones -es decir, 158,99 litros-, cantidades que son transportadas a través de oleoductos o buques petroleros de gran capacidad.

Negras incongruencias

La cotización referencial del barril de petróleo ya alcanzó los US$ 120, un nivel al que nunca nadie se imaginó que pudiera llegar. La cesta Opep ha pasado los US$ 110 y la cesta venezolana los US$105. Con ese crecimiento constante en los últimos años, podría preverse que el precio seguirá subiendo indefinidamente… pero no es así. Todo puede suceder, hasta un tremendo bajón ante las presiones que en el planeta pudieran surgir por la inflación mundial, crisis de alimentos, etc.

No obstante, esos descomunales ingresos no se han visto reflejados en el bienestar de la población venezolana, en la construcción de infraestructura –grandes obras, no puntuales- y mucho menos en el desarrollo económico del país. Venezuela, pese a la coyuntura del mercado petrolero, ostenta penosos niveles de pobreza, elevados índices de subempleo y una creciente fuga de cerebros; muy a pesar de lo que digan las estadísticas oficiales.

Países en la región que no poseen el negro recurso han crecido sostenidamente en los últimos cinco años y hay aumentado sus reservas internacionales en forma destacable. Inclusive, algunos han prepagado deudas contraídas con instituciones multilaterales. Muy por el contrario, Venezuela ha incrementado su deuda externa en forma exponencial y lo sigue haciendo a través de la emisión de bonos que buscan ilusoriamente mantener vigente un absurdo control de cambio y controlar los elevados niveles de liquidez monetaria.

El manejo político del petróleo

Ciertamente que Venezuela es privilegiada en el mundo por sus riquezas naturales. El petróleo, que para muchas naciones puede verse como la solución a sus problemas, puede verse en el país desde puntos de vista totalmente antagónicos.

Por referencias históricas está comprobada su existencia desde la época de la colonización española, pero no es hasta el siglo XX que se convierte en un factor, no solamente económico, sino –sobretodo- político.

Desde su “aparición” económica en 1875, en la Hacienda “La Alquitrana”, que dio pie a la constitución de la “Petrolera del Táchira”; pasando por 1914 -en el campo Mene Grande y el emblemático pozo “Zumaque I”-, hasta el año 1922 en que se inicia su explotación a gran escala; el petróleo en Venezuela ha sido el motor de una metamorfosis que hasta nuestros días tiene efectos paradójicos.

En la medida que el precio del barril de petróleo ha estado en alza en los mercados internacionales, y por consiguiente los ingresos del fisco nacional aumentan, los gobiernos de turno se han permitido dar algunos “lujos” sobre la base de medidas populistas, oportunistas y sin una visión de mediano o largo plazo.

Hasta ahora todos coinciden que el único gobierno que aprovechó al máximo la riqueza petrolera fue Marcos Pérez Jiménez. Aún en dictadura, el controvertido militar emprendió una serie de obras de infraestructura que hasta el día de hoy no han sido superadas, con las distancias y salvedades del caso. Tanto es así, que autopistas, corredores viales, edificios públicos y otras obras, siguen en pie y utilizándose.


Siembra Petrolera

La planificación de largo plazo, en lo que la industria petrolera se refiere, puede apreciarse en el llamado “Plan Siembra Petrolera”, el cual abarca el período 2005-2030, subdividido en un primer tramo hasta el 2012 y el segundo hasta el 2030.

De acuerdo con Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), para el primer período se estiman inversiones por US$ 56.000 millones, de los cuales el 70% debe ser aportado por la empresa y el 30% restante por el sector privado (US$ 16.800 millones).

El Plan comprende seis ejes identificados como: “Magna Reserva”, “Proyecto Orinoco”, “Proyecto Delta-Caribe”, “Refinación”, “Infraestructura” e “Integración”. Los cinco primeros están estrechamente ligados a la industria como tal y, de cumplirse a cabalidad, podrían fortalecer el negocio en forma importante.

Aunque es una clara alusión a la emblemática frase que estampara Arturo Úslar Pietri en 1936 –“sembrar el petróleo”- el Plan gubernamental no interpreta correctamente cómo debería sembrarse, dónde sembrarse y con quiénes llevar a cabo ese proceso.

La verdad de la siembra

De acuerdo con estimaciones privadas y cifras de organismos distintos a PDVSA, la producción venezolana ha disminuido en los últimos años o, en el mejor de los casos, se ha mantenido. Sin embargo, como los precios han aumentado vertiginosamente, los resultados en cifras monetarias han sido crecientes. Es decir, la producción petrolera medida en bolívares, bolívares fuertes o dólares seguirá creciendo en la medida que los precios aumenten; más no quiere decir que la producción esté creciendo.

La negativa de PDVSA a que sus cifras de producción y estados financieros sean auditadas por un ente externo abre una gama de posibilidades para especular sobre cual es la situación real de la industria petrolera venezolana.

Según se infiere de visitar su página web, la misión de PDVSA tiene como eje principal “…la exploración, producción, manufactura, transporte y mercadeo de los hidrocarburos, de manera eficiente, rentable, segura, transparente y comprometida con la protección ambiental; con el fin último de motorizar el desarrollo armónico del país…”; sin embargo, la sociedad es testigo de cómo la principal empresa nacional está siendo utilizada como comodín político y como “apaga fuegos” de la crisis económica que al gobierno le cuesta admitir.

En este sentido fue creada la empresa Producción y Distribución Venezolana de Alimentos (Pdval), con el fin de impulsar “…una de las políticas alimentarias del Gobierno Nacional para erradicar el acaparamiento, donde se espera abastecer a la población con diversos productos de la cesta básica” (sic), (Agencia Bolivariana de Noticias). En ese mismo orden, extraoficialmente se habla de la creación de una empresa (Pdvsalud, o algo similar) que ataque la crisis hospitalaria en el país, a través de la asociación o adquisición de clínicas privadas; obviamente, con recursos que PDVSA obtiene del negocios petrolero.

Es evidente que el “aporte” de la petrolera al gobierno ha sido destinado mayoritariamente al gasto corriente y no a la inversión productiva, es decir, a la verdadera “siembra”. El “aporte” de PDVSA a las “misiones” creadas por el gobierno -que tampoco tienen una visión de largo plazo y mucho menos pueden considerarse como parte de un plan de desarrollo nacional- también ha sido destinado al gasto con la agravante que, inclusive, los recursos no están siendo utilizados eficientemente.

Es el caso, por ejemplo, de la “Misión Ribas” que, según se informara en días pasados en la prensa nacional en relación con su desempeño en 2007, "los recursos de la transferencia proveniente de PDVSA no ingresaron en su totalidad, por lo que refleja un resultado negativo en el ejercicio económico".

¿Qué se ha cosechado?

La creación de empresas petroleras en naciones que tienen un mínimo potencial en el sector y en las que Venezuela se ha convertido en socia; el suministro de crudo o derivados a otras naciones en condiciones sumamente ventajosas; o inclusive la construcción de viviendas, de escuelas, envío de alimentos y otras labores “sociales”, pero en otras naciones; tienen la clara intención de cosechar irrestrictos apoyos políticos personales, mas no ganancias para la nación.

El manejo del producto, como de los ingresos que se perciben por su comercialización, permiten prever –sin ánimos de ser profeta del desastre- que lo del día de mañana no será necesariamente una buena cosecha, producto de una correcta planificación gerencial, sino un pesada carga que se transferirá como herencia a nuestros hijos.

El petróleo venezolano, 72 años después de la frase de Úslar, no ha sido sembrado. Por el contrario, está siendo utilizado -paradójicamente- para “apagar” el fuego de una crisis causada por el control de cambio, de precios, de todo.

(*) Artículo publicado en el encarte "Business al Día", del semanario Quinto Día, del 2 al 9 de mayo de 2008.


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