lunes, 10 de mayo de 2010

Venezuela y su socialismo depredador

El estado en el que se encuentra la Venezuela actual es deplorable, grave y doloroso. Para propios y extraños, es una verdadera lástima que el otrora país saudita de Suramérica se encuentre sumido en una patética espiral inflacionaria, en un entorno de desabastecimiento y escasez, y en una constante fuga de cerebros.

El “modelo” que en un primer momento (hace 12 años) propuso el ex militar golpista fue –básicamente- acabar con los signos de exclusión que tuvo la alternancia del poder adeco-copeyana durante 40 años de democracia; imperfecta como todas, pero democracia. El naciente proceso bautizado como “bolivariano” llegó al extremo de cambiarle el nombre a la República y trató de convencer a la población de que los pensamientos del Libertador serían las líneas maestras de gobierno.

Sin embargo muy poco duró la ilusión, pues la orientación militarista, autoritaria y personalista resquebrajó la aparente unidad en la sociedad, y fue lo que impulsó a las manifestaciones, huelgas y posterior temporal salida de Chávez en 2002. Su regreso al poder sólo sirvió para algo: acelerar expresamente los planes de destruir todo lo que suene a “capitalismo” para dar paso a un “nuevo socialismo”, a pesar de que las experiencias en otros países, los resultados y la propia historia, demuestran el fracaso de ese tipo de sistema.

Hoy Venezuela tiene una de las inflaciones más altas del mundo (5,2% en un solo mes, abril 2010); depreciación acelerada de su “nueva” moneda; escasez de los productos de primera necesidad; persecución de empresarios sin importar la dimensión de sus actividades (hasta carniceros han sido encarcelados); expropiación de propiedades, terrenos, instalaciones productivas; graves deficiencias en la prestación de servicios elementales (energía eléctrica, agua, transporte) por desidia y mala administración; todo lo cual genera como consecuencia natural la llamada “fuga de cerebros” y –por supuesto- una constante fuga de capitales ante un panorama nada alentador.

La ceguera, ignorancia e inoperancia en materia económica es descarada cuando el mandatario “socialista” admite que ni “quemando” todas las reservas internacionales logrará hacer bajar la cotización de la divisa estadounidense en el satanizado mercado paralelo. Para colmo, el ex golpista admirador de Fidel Castro ha anunciado la creación de “corporaciones” que se encargarían de las importaciones y exportaciones del país, y otra para la construcción; es decir, darle más tamaño y más responsabilidades a ese inútil monstruo estatal creado por el régimen.

Cada anuncio, cada acción de Chávez equivale a uno o más pasos de retroceso en la historia y un alejamiento del camino del desarrollo. El llamado “socialismo” venezolano ha saqueado las arcas públicas en dimensiones (aún) desconocidas y; en la práctica, el “socialismo” chavista tiende más a la muerte que a la patria, expresadas en el eslogan sin sentido de la “revolución”.

No obstante, existe responsabilidad compartida con la oposición que lo adversa. El mandatario se burla de la población al supuestamente dedicar esfuerzos a sus seguidores en su novísima cuenta en Twitter, cuando durante 12 años ha demostrado que la opinión de la población le importa un bledo. Pareciera que hay sectores que se encuentran sumidos en un estado sólo comparable con la hipnosis, o la estupidez.

Venezuela y su gobierno de 12 años no tienen obras significativas o de dimensiones importantes como muestra de la inversión de sus multimillonarios ingresos petroleros. Por el contrario, la única tarea eficiente ha sido la devastación del país y la persecución de toda voz contraria al régimen. Cada día, las grandes alharacas de Chávez y sus ataques a todo el mundo no son suficientes para tapar las grandes desgracias del país.

Si algo es inocultable -inclusive para sus tarifados incondicionales, nacionales y extranjeros-, es que su pastiche ideológico, sus delirios de poder, son igual de mortíferos que su socialismo depredador.

Ilustración:


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sábado, 10 de octubre de 2009

Medidas “NiNi”

Debo confesar que el primer anuncio (hace como un mes) de las “nuevas” medidas económicas, causaron en mi tanta emoción como cuando pasa un zancudo por el frente. Recordemos –casi como castigo- que llevamos más de 10 años con un gobierno que no tiene idea de lo que es un Programa Económico y lo único que sabe es tirar flechas al más puro estilo venezolano del “como vaya viniendo, vamos viendo”.

Finalmente el anuncio no fue un anuncio como tal, fue la presentación de tres funcionarios públicos que dieron la cara para cumplir la orden del caudillo: o sea, digan “algo”. Como todo lo malo en este país es una “sensación”, alimentada por el trabajo golpista de los medios de ultraderecha y financiada por el Imperio, basta que los funcionarios pilares de la economía venezolana se asomen para que la sociedad civil, los empresarios, los oligarcas, los escuálidos en general, tiemblen. Pero en palabras del propio Giordani, todos “se quedaron con la guayabera por fuera” (aunque hablar de guayaberas es como hablar de VHS).

¿Qué anunciaron, qué dijeron? ¿Qué lineamientos maestros dignos del Nobel de Economía expusieron estos patriotas bolivarianos? Nada, absolutamente nada. Fueron las mismas “medidas” de la última vez; es más, la estrategia fue la misma de hace algunos meses: generar expectativas y decir unas cuantas tonterías que se asemejaron más a una carta dirigida al Niño Jesús.

Cualquier economista con medio dedo de frente (economista de verdad, que haya pasado por la universidad, que sepa lo que es la economía de libre mercado), sabe que uno de los grandes problemas de Venezuela es el conjunto de controles que viene sufriendo el país desde hace más de seis años. Los desequilibrios que causan son una bola de nieve que no para de crecer, a pesar de que la gente prácticamente se ha acostumbrado a vivir en esa burbuja de realidad “bolivariana” dentro de la que se encuentra sometida, pareciéndose cada día más a Cuba.

Sin embargo, un individuo como Hugo Chávez nunca asumirá los costos políticos de sus propios errores; de hecho, nunca lo ha hecho. Si es que tiene asesores en materia económica, alguna idea, algún asomo, alguna pista debe tener el “caudillo” del fracaso que ha sido, es, y seguirá siendo su mandato en materia económica; con los más grandes ingresos que nunca ningún gobierno tuvo en la historia venezolana y con la segunda inflación más alta del mundo.

Lo más irónico es que Chávez, como líder de su propia “revolución”, le exige a todo aquel que lo acompañe una definición total, exclusiva y radical de creencia en todo lo que se haga o diga; lo cual se evidencia en su sin sentido y lapidaria frase “patria, socialismo o muerte”. No obstante, la exigencia es para los demás, pero ambigüedades y medias tintas para él. Por eso, sus famosas “medidas económicas” son unas vulgares y tristes medidas “NiNi”… que ni sirven para lo uno, ni sirven para lo otro.

Estemos claros, el día del “paquetazo económico” se dará en Venezuela sólo por alguna de las siguientes razones: 1) No más Chávez; es decir, se fue, lo fueron, o lo que sea, pero él no está más en el gobierno. 2) El país está borde del colapso económico (o ya en él). 3) Todo está perdido desde el punto de vista político para Chávez, por lo tanto no le importa hacer los ajustes que mil veces postergó. Ojo, tenga la seguridad de que en todos los casos, el culpable, el responsable de las medidas NUNCA será él, sino que recaerá en terceros.

Mientras tanto, cualquier cambio positivo en la economía será momentáneo y no producto de sus medidas nini. Por más que se le quiera poner cadenas, la economía ha sido, es y será de libre mercado, por lo que siempre buscará un camino, un espacio a través del cual desarrollarse. El oportunismo y la ignorancia nunca servirán para manejar un país, ni siquiera una cantina en la Escuela Militar.

AL CIERRE: Recibimos la noticia de que el Premio Nobel de la Paz le fue conferido al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Desde ya la decisión es polémica, pues tiene muy poco tiempo en el cargo como para que sus acciones hayan sido premiadas. No obstante, la noticia también fue recibida con pícara alegría en Colombia y Venezuela, pues la favorita de Chávez, Piedad Córdova, se quedó con el turbante y los crespos hechos. Aquí no funcionó Smartmatic…

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jueves, 24 de setiembre de 2009

El comandante no tiene quien lo escuche

Algo que se olía a kilómetros, y desde hace dos años, era la intervención del régimen de Chávez en el sistema de televisión por suscripción, más conocido como televisión por cable. Y es que en esos mismos dos años, el crecimiento de este servicio ha sido impresionante y las empresas más fuertes han sido las que ofrecen la mayor cantidad de canales.

Dicho aumento en la suscripción no ha sido por el cacareado crecimiento económico (que sólo los funcionarios del gobierno ven); o por un (inexistente) aumento en el ingreso del venezolano; o por un lavado cerebral del “Imperio”; no. La única y fortísima razón es que cada día menos gente se cala las odiosas cadenas gubernamentales y mucho menos resisten cinco minutos escuchando a Chávez con sus largas, interminables, repetitivas y aburridas peroratas contra el “Imperio”, el capitalismo y todo lo que no sea su “revolución” y lo que supuestamente él representa.

Según lo que se ha filtrado, dentro de muy poco los canales de televisión por cable que tengan un 70% de “producción audiovisual nacional”, tendrán la obligación de pegar su señal a las latosas cadenas que unen a toda la radio y televisión por señal abierta en Venezuela, en el día, horario y por la duración que al caudillo se le antoje. “Democracia participativa”, o sea… te participo que tienes que escucharme así no lo quieras.

La cantidad exacta de estaciones que se verían afectadas no se conoce a ciencia cierta, pues hasta se dice que existen unas cuantas que pueden ser consideradas como “ilegales” por el gobierno chavista. Lo que sí se sabe, es que la “joya de la corona” en este nuevo manotazo contra los medios es Radio Caracas Televisión Internacional (RCTV), la misma que mandó a cerrar en mayo de 2007.

Sin lugar a dudas RCTV puede ser considerada como un caso de estudio, y de los más interesantes, pues su público -su fiel público- la esperó y la siguió viendo cuando su señal estuvo nuevamente al aire, pero a través de la suscripción. Tan llamativo es el caso, que a pesar de encontrarse en el cable, es una gran competidora de los otros canales nacionales en señal abierta. Como hasta lo malo tiene su lado bueno, el haber migrado de condición le permitió a RCTV mantener su crítica línea editorial, pues la directiva no ha sido sumisa políticamente hablando, ni ha accedido a las presiones de todo tipo que, es evidente, existen en las televisoras de señal abierta.

Y es que la razia contra los medios sigue adelante. Al cierre de emisoras de radio se le agregan las “negociaciones” de algunos propietarios para “invitar” a abandonar sus espacios (críticos al gobierno, claro), so pena de correr la mala suerte de otras. En este sentido, en la semana fue noticia como el periodista Nelson Bocaranda fue sorprendido al regresar de sus vacaciones. Este miércoles expresaba en su espacio en Twitter: “En medio de la tristeza por primer día en 27 años sin Runrunes en radio”.

Es que para Chávez, Venezuela es el país de las maravillas; y tiene tantas, que él las anda regalando por el mundo a sus aliados, aduladores, dictadores, porristas y demás especies políticas repelentes, como si fueran de su propiedad personal. Tan maravillosa es la situación del país, que es inconcebible que existan medios críticos, voces disidentes, pero sobretodo, mentes pensantes que puedan expresarse en medios de comunicación masiva. Las informaciones de muertos por la inseguridad, las huelgas, las protestas, el hambre, la miseria y todas esas mentiras que “algunos” dicen, tienen que ser desterradas. Sólo la voz del caudillo, líder universal y estrella de Venecia, es la que cuenta.

El régimen posee televisoras, radios, periódicos, revistas, pasquines y -para colmo- usa y abusa de las cadenas (por ley) para que todo el mundo “ajuro” escuche los cantos de sirena oficiales de paz, amor, felicidad y bonanza económica. Pero qué cuesta arriba se ha vuelto esta “misión”, van 10 años y todavía el “pueblo” (no tarifado) no se traga sus cuentos. Es que a pesar de todo y de todos, el comandante no tiene quien lo escuche.

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domingo, 3 de mayo de 2009

Libertad sin objetividad

El director del diario Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel, en su página dominical de este 3 de mayo, haciendo uso de la más amplia "libertad de informar y opinar" -que según él, existe hoy en Venezuela, como nunca desde 1958- se permite iniciar su escrito con una serie de afirmaciones que descaradamente cachetean la verdad, la imparcialidad y la objetividad; lo cual no tendría importancia salvo por el cargo que ocupa en dicho medio impreso.

Empieza Díaz Rangel: "1. Multitudinaria la asistencia de trabajadores a los desfiles del 1° de Mayo de apoyo al proceso revolucionario" . No tenemos idea de cómo se realizaron todos "los desfiles", pero el realizado en Caracas fue -para variar- como todos los que está acostumbrado a convocar "voluntariamente" el gobierno; es decir, pasando lista a los empleados públicos y con largas colas de autobuses provenientes del interior, con gente a las que se le ofrece dinero, refrigerios, camisas y cachuchas rojas, a cambio de acompañar al "proceso revolucionario". A cambio de no hacer nada en un día feriado, no está nada mal. Por supuesto, no hablamos de convicciones, de creencias, de confianza en el susodicho "proceso" pues son palabras mayores. Al fin y al cabo eso no tiene importancia, lo que cuenta es que la marcha sea multitudinaria (o sea, que forme multitud, según el DRAE).

"2. La poca asistencia de la oposición los llevó a provocar a las policías y la GN al intentar ir más allá del punto acordado de término de su manifestación: parque Carabobo". Interesante cómo se puede caer en tantas contradicciones en una solo oración. ¿Cómo una "poca asistencia" fue capaz de provocar a un nutrido cordón de "policías y la GN"? ¿Cómo una "poca asistencia", con presencia de mujeres de todas las edades (hasta la más avanzadas), logró que les tiraran gases lacrimógenos y otras herramientas "disuasivas"? ¿Será que estaban armados de cañones, tanques, equipos antimotines y demás, así como lo estaban "las policías y la GN"? ¿Insinúa que "la poca asistencia" volvió loca a los pocos asistentes y se fueron en contra de "las policías y la GN"?

"3. Leo, y no lo creo, que Antonio Ledezma los instigó a desafiar el cordón policial". ¿No que "la poca asistencia... los llevó a provocar a las policías y la GN"? ¨¿Ahora resulta que fue Ledezma? ¿En qué quedamos? Ahora el autor de la nota asume que "la poca asistencia de la oposición" actúa como si fuesen borregos o autómatas, que se les paga para marchar, que se les pone autobuses para trasladarlos u otras prácticas conocidas -precisamente- por los que se autodenominan "revolucionarios". No obstante, le otorga a Ledezma un poder sobrenatural que influyó en "la poca asistencia" para desafiar a la policía, para provorcarlos, para agredirlos, lo que obtuvo como respuesta la desproporcionada respuesta represiva. Pareciera insinuar que el gran culpable de todo es Ledezma, lo cual forma parte del libreto oficial.

"4. Dirigentes sindicales opositores dijeron que no había nada que celebrar, que la clase obrera está cada vez más empobrecida. Venezuela es el único país donde el desempleo disminuye en plena crisis mundial. Tiene el salario mínimo más alto de América Latina, y debe ser el único donde se aumentó 20% desde el viernes." Esta es la guinda de la torta. El que Díaz Rangel no tenga los conocimientos elementales de economía (se verifica con lo que escribe) no lo exonera para escribir semejantes barbaridades que -además- nadie se las cree. Con cifras manipuladas, maquilladas, colocadas al gusto del cliente, las estadísticas en Venezuela hace mucho tiempo que dejaron de ser creibles; en el mejor de los casos son utilizadas como referencias de la "versión oficial". El desempleo en Venezuela, lejos de disminuir, es un problema muy grave que afecta a los extremos de la población económicamente activa, es decir, a los jóvenes y a los de avanzada edad. Los niveles de informalidad, subempleo y desempleo vienen creciendo, sin dejar de mencionar la fuga de talentos en busca de oportunidades en el exterior (¿porqué será?). El que a una gran cantidad de gente se le otorgue una "beca" no implica en ningún sentido que estén empleados. La compra de conciencias no genera empleo y mucho menos producción.

Por otro lado, "el salario mínimo más alto de América Latina" sólo es posible matemáticamente, es decir, calculándolo con la cotización oficial del dólar a BsF 2,15. Si el cálculo se hiciera en términos reales, a la cotización para quienes no pueden recurrir a CADIVI, a la cotización para los que no tienen el cupo oficial, a la cotización para quienes se les acabó el dictatorial cupo que decide cuanto se puede gastar de SU propio dinero; a esa cotización, el famoso salario mínimo es mínimo de verdad. Si a eso se le agrega el absurdo de tener que hacer un "tour" por los principales comercios para encontrar los artículos de primera necesidad, gracias a la distorsión que generan los controles de precios, el tema se torna patético.

Para terminar, el mencionado aumento del 20% tampoco es cierto. A partir del 1ro de mayo el "mínimo" se incrementa en sólo 10%, para aumentar otro 10% en septiembre. Claro, estas cifras son nominales, no reales; es decir, no se está tomando en cuenta la inflación que carcome los ingresos, inflación que alcanzó el 30,9% en 2008 y se prevé que nuevamente supere el 30% en 2009 (pero de verdad, no con las cifras a gusto del cliente).

Todas estas "joyas" de la literatura periodistica se encuentran en apenas un párrafo de la susodicha página este 3 de mayo. Irónicamente, en alusión al Día de la Libertad de Prensa, se recuerda el mensaje (no declaración) que en 2001 emitieran en conjunto Kofi Annan, Mary Robinson y Koïchiro Matsuura: "Instamos a los periodistas a que se ciñan a las normas más elevadas de su profesión, se nieguen a sembrar odio y defiendan siempre el principio de la imparcialidad"; elementos que seguramente Díaz Rangel siempe tiene muy en cuenta.














Pero de los "revolucionarios", Díaz Rangel no tiene nada que decir.


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domingo, 26 de abril de 2009

Mantengamos prioritario el uso de Internet en Venezuela

PRONUNCIAMIENTO:
MANTENGAMOS PRIORITARIO
EL USO DE INTERNET EN VENEZUELA


El Estado venezolano ha incluido el uso de Internet en el decreto que dicta el Instructivo Presidencial para la Eliminación del Gasto Suntuario o Superfluo en el sector público nacional, publicado el miércoles 22 de marzo de 2009 en Gaceta Oficial (Decreto Nº 6.649).

Al someter el uso de Internet a consideración de la Vicepresidencia Ejecutiva, como es obligación según mandato del decreto, se está contraviniendo las Políticas Públicas del Estado venezolano, puesto que Internet fue declarada prioritaria en el Decreto N° 825 y los esfuerzos han concentrado su uso para el beneficio de la eficiencia en la administración pública, la salud y la educación. Tal medida podría afectar el desarrollo de proyectos vinculados a las Tecnologías de Información.

Nos preocupa suponer que el uso de Internet sea una posible actividad superflua para la actividad académica y universitaria. El carácter colaborativo, de libre acceso a la información y de intercambio horizontal sin diferenciación entre países ha hecho de Internet un bastión ya natural de la ciencia. Venezuela forma parte de diferentes proyectos internacionales de investigación soportados en el uso de Internet, sin cuya participación hubiera sido imposible lograr medir nuestras capacidades y generar aportes en determinadas áreas del conocimiento como la medicina, la biología y la geografía. El Centro Nacional de Innovación Tecnológica y la Red Académica de Centros de Investigación y Universidades Nacionales, canalizan nuestra participación como país en la Red de Cooperación Latinoamericana de Redes Avanzadas (RedCLARA), cuyo propósito es posibilitar una investigación del más alto nivel en América Latina, conectando a la comunidad científica con sus pares en Europa, Asia Pacífico y Norteamérica y permitiendo el acceso a bases de datos e instrumental científico y de laboratorio de todo el mundo. Debemos garantizar que la sustentabilidad de proyectos universitarios basados en el uso de las tecnologías de la información no se vea comprometida por el recorte presupuestario.

Compartimos la preocupación del gobierno nacional acerca de la necesidad de disminuir el gasto público. Pero creemos inconveniente disminuir el presupuesto estimado para el uso de Internet, así como de plataformas tecnológicas que lo sustentan, por cuanto estas inversiones contribuyen al uso óptimo de los recursos en la administración pública, la salud y la educación. Proponemos la consideración de otros mecanismos para racionalizar costos, que no dificulten el normal desarrollo de proyectos de Internet en las instituciones públicas.

Internet es un instrumento necesario para el desarrollo social y el libre acceso al conocimiento. En tal sentido exhortamos:

• Eliminar el uso de Internet del Decreto de la Presidencia de la República mediante el cual se dicta el Instructivo Presidencial para la Eliminación del Gasto Suntuario o Superfluo en el sector público nacional, publicado el miércoles 22 de marzo en la Gaceta Oficial (Decreto 6.649), porque no es mecanismo idóneo para optimizar la inversión en el desarrollo y apropiación de las Tecnologías de Información.

• Mantener la condición de Internet como prioritaria, decretada por el Ejecutivo Nacional en el Decreto N° 825.

• Decretar Políticas de Buenas prácticas de Internet para el ahorro de ancho de banda en las instituciones públicas y desarrollar medidas de uso de Internet, estrictamente institucionales, con el fin de racionalizar el uso del servicio.

• Desarrollar tecnologías asociadas al uso de Internet que permitan optimizar los recursos públicos y fomentar educación institucional para sus aplicaciones efectivas.

Como uno de los objetivos estratégicos del Plan Nacional de Telecomunicaciones, Informática y Servicios Postales 2007-2013 se encuentra la optimización de procesos administrativos e impulso del gobierno electrónico mediante el uso de las Tecnologías de Información, del cual Internet es el eje fundamental. En la práctica, se ha avanzado considerablemente en gestiones como la solicitud de pasaportes, pago de impuestos, revisión de datos públicos para la contraloría social y otras actividades que hacen ver la introducción del uso de Internet como condición cada vez más natural en el aparato público.

El Estado aprobó la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas y la Ley Especial sobre Delitos Informáticos, que constituye un marco legal de avanzada para los novedosos mecanismos de transacción a partir de la comunicación electrónica. Con la aplicación de esta ley y estrategias similares, se estima que podría generarse el ahorro de más de 80% en recursos como papel, carpetas, ganchos, tinta e implementos de oficina, gracias a las comunicaciones electrónicas, en lugar de registros tradicionales de la información en la gestión pública. La inversión reciente de 400 millones de dólares en el Satélite Simón Bolívar es un claro ejemplo de la confianza en las Tecnologías de Información en el desarrollo de proyectos sociales. La sustentabilidad y optimización de estas ideas dependen en gran medida de que Internet siga siendo considerada prioritaria.

Proponemos que se apliquen políticas que estimulen una cultura institucional para el desarrollo de actividades como videoconferencias para reuniones y acuerdos, y el uso de tecnologías como Voz sobre IP, por citar ejemplos que permitirían ahorros considerables en facturas telefónicas y gastos de viáticos. Además, decretar buenas prácticas de Internet para el ahorro de ancho de banda en las instituciones públicas y desarrollar medidas de uso de Internet, estrictamente institucionales, son medidas que ayudarían a racionalizar el uso del servicio.

Las Cumbres Mundiales de la Información (Ginebra, 2003; Túnez, 2005) han apuntado a diseñar planes estratégicos para impulsar las TIC. El Compromiso de Río y el Plan de acción eLAC 2007 demuestran la importancia del tema para América Latina y El Caribe. El Componente TIC del Proyecto Andino de Competitividad, también promueve políticas al respecto. Venezuela debe seguir al frente de estas posibilidades, fortaleciendo políticas públicas en el tema.

Así lo suscribimos, a los veintitrés días del mes de abril de 2009.

(Lista de apoyo disponible en la web):
http://www.red.ula.ve/internetprioritaria/


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miércoles, 22 de abril de 2009

Nunca escupas al cielo...

Finalmente se confirmó lo que venía siendo un rumor: el alcalde de Maracaibo, Manuel Rosales, está en el Perú y está pidiendo asilo, ante la cacería montada por el gobierno venezolano. Sin entrar a detallar todos los elementos legales y legalistas que supuestamente "justifican" la persecusión emprendida contra el ex candidato presidencial, el gobierno de Hugo Chávez no tiene ni el más mínimo elemento que permita creer que pueda darse un proceso justo para Rosales.

Lo más curioso es que, siendo Chávez el único vocero de su gobierno -por lo tanto responsable de todas las barbaridades con las que se expresa de contrincantes internos, de presidentes de otras naciones, de países y de lo que le de la gana- es el propio gobierno venezolano el que le proporciona los elementos de juicio a otro país para que decida si le otorga a un venezolano el beneficio que representa la figura del asilo.

En el caso particular del Perú, Rosales no sería el primer asilado y quizás no sea el último. Todos apuestan a que la decisión sea favorable al (ahora) ex alcalde de Maracaibo o, en el peor de los casos, facilite su tránsito a una tercera nación que lo acoja. Chávez, enfurecido, desquiciado, se manifestará y argumentará la intervención en la soberanía venezolana y otras yerbas conocidas, pero -simultáneamente- padecerá de amnesia de cuando él sí se inmiscuye en donde no lo llaman.

Un popular pero sabio refrán dice "nunca escupas al cielo, que Dios te escupirá la cara (o, ..."porque te caerá en la cara"), y todo indica que es lo que le pasará a Chávez. Sino, aprecien los siguientes videos que no necesitan comentarios.













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lunes, 23 de marzo de 2009

No se atrevió !!!

En una cadena de radio y televisión de más dos horas de duración -tal como se esperaba-, el presidente venezolano, el líder de la "revolución", dio la cara para anunciar las tan esperadas "medidas económicas", las que él llamó "acciones anticrisis".

La extensa perorata se inició con "razonamientos" en contra del imperio (representado por los organismos financieros internacionales), contra las medidas tomadas por gobiernos anteriores (Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera) y contra la "burguesía" venezolana. Luego, la dósis de lectura de noticias de las consecuencias de la crisis mundial en otros países (sobretodo en EE. UU.), de artículos de opinión, de análisis de economistas, hacía parecer que todo era el preámbulo para la estocada de medidas.

Sin embargo, luego de una hora de habladera de pistoladas en cadena nacional, atinó a hacer el primer anuncio: NO aumenta el precio de la gasolina, NO aumenta el precio de los servicios públicos, NO hay devaluación. En otras palabras, decidió mantener los controles de precios y de cambio que viene padeciendo Venezuela desde hace varios años.

Lo que sí hizo fue decretar la reducción del presupuesto nacional, modificando el supuesto del precio del petróleo establecido (de 60 a 40 dólares por barril), lo que -en teoría- reduce el gasto en 6,7%; pero que no tiene nada de extraordinario pues la sinceración presupuestaria es algo que resulta tardío. Así mismo, la anunciada reducción de gastos y sueldos (de altos funcionarios) cayó en la población como una muestra más de populismo, de palabras huecas y de más falsas promesas. Basta recordar a aquel Chávez que, cuando tomó el poder (la primera vez), ofreció donar su sueldo para becas. Los viajes por todo el mundo, la ropa de marca a la medida y todos los lujos capitalistas fueron demasiada carga para que alguna vez recordara su promesa salarial.

En pocas palabras, NO se atrevió. Las "medidas" fueron un tremendo fiasco. El ligero repunte en el precio del petróleo -seguramente- influyeron para que decidiera no asumir el costo político que significaba lanzar medidas impopulares y neoliberales (que tanto sataniza). Es más que conocido que el ex militar golpista nunca ha dado la cara en momentos duros, en momentos de asumir responsabilidades. Ni siquiera ese 4 de febrero de 1992, pues lo que hizo fue sólo aprovechar una oportunidad mediática incomparable.

En ese sentido, las verdaderas "medidas" de ajuste, aquellas diseñadas con criterio de planificación económica (o por lo menos, con sentido común), él nunca las informará; que otros lo hagan, para que su manto sagrado revolucionario, popular, humano, no se vea afectado. Para Chávez, la crisis mundial no le ha tocado "ni un pelo" a Venezuela; a pesar de que el poder adquisitivo de la población cada día es menor, por más moneda "fuerte" que se tenga.

El decretado aumento del IVA del 9 al 12% (innegablemente inflacionario, más en una economía como la venezolana), resulta absurdo al venir acompañado del obligado incremento en el salario mínimo. Dicho aumento arrastra mayores costos en las prestaciones, subsidio de alimentos y cotizaciones de ley. Siendo el Estado el mayor empleador en Venezuela, los ingresos por IVA sólo servirán para mantener la burocracia y las becas que compran conciencias de los más necesitados.

¿Entonces, qué le espera a Venezuela, económicamente hablando? Nada bueno. El mantenimiento de los controles de precios y de cambio son bombas de tiempo a las que ahora se le dio más cuerda al reloj. Los posibles mayores ingresos por un aumento en el precio del petróleo no son más que alegría de tísico, dados los grandes desequilibrios que vienen generando años de regulaciones económicas, retaliaciones políticas al sector empresarial y bravuconadas contra los inversionistas extranjeros. Posponer los ajustes es seguir hundiendo al país en la mediocridad, en el conformismo, y es promover la fuga de talentos y de capitales.

Las anunciadas "acciones anticrisis" fueron una bofetada a la inteligencia, al sentido común, al más mínimo razonamiento que debería tener una clase gobernante que trabaje en favor de la sociedad. Pero eso -al parecer- es pedir mucho a la "revolución". Nunca, ninguna "revolución" se distinguió por un adecuado manejo económico; mucho menos en Latinoamérica. La de Venezuela no es la excepción; sólo fue una bravuconada más. No se atrevió.


Versión de la televisora oficial (VTV)
de los anuncios hechos por Chávez
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viernes, 20 de marzo de 2009

¿Se atreverá?

Faltan algunas horas -ni idea de cuántas- para que el líder del "proceso", el comandante de la "revolución", se dirija a la población venezolana para anunciar la serie de medidas económicas que tomará su gobierno para enfrentar la crisis... pero ojo, no es para enfrentar la crisis global, sino para enfrentar el tremendo desastre que han generado años de torpe ceguera en planificación económica gubernamental.

Demostrando una ignoranacia supina, Chávez ha manejado el país apoyándose exclusivamente en el precio creciente del petróleo y a unos ingresos jamás imaginados, lo cual le permitió gastar, regalar, comprar (bienes y conciencias), subsidiar y hasta chantajear. Sin embargo, a un precio 100 dólares por debajo de la máxima cotización alcanzada en la historia, el parapeto económico, el adefecio que se ha tenido como "política" económica en Venezuela, pende de un hilo.

No obstante, dada la experiencia, la larga experiencia, los diez años de amarga experiencia, aún hoy existen algunas preguntas que, a horas de los anuncios, siguen sin respuestas y que hasta son dignas de recibir apuestas:

1) ¿Se atreverá a dar la cara el mismísimo Chávez? Es decir, ¿será posible que el máximo representante del antiimperialismo, anticapitalismo, antineoliberalismo, sea el que anuncie las que son típicas medidas de corte neoliberal para enfrentar las crisis generadas por regímenes populistas? De ser así, de atreverse, lo más seguro es que sea una cadena de varias horas en las que repase la historia (a su manera, por supuesto) le tire porquería a todo el mundo y establezca que la culpa la tiene Estados Unidos o la burguesía venezolana (si es que alguien queda).

2) ¿Se atreverá a subir el precio de la gasolina; un precio que tiene más de 10 años congelado y genera más distorsiones que supuestos beneficios a la población? Días atrás asomó que lo podría hacer. Con un argumento refrito, gastado, absurdo, que nadie se lo cree, quiso hacer ver que la gasolina es un bien que sólo consumen los ricos... como si los autobuses rodaran con agua, como si las miles de motos que su gobierno dio libertad (libertinaje) de circulación se alimentaran con azúcar (que también escasea). El precio de la gasolina sólo fue aumentado dentro del marco del paquete de estabilización (neoliberal) de Carlos Andrés Pérez, irónicamente su archienemigo, irónicamente, hace 10 años.

3) ¿Se atreverá a quitar los controles de precios? ¿Se atreverá a devolverle el precio real a los miles de bienes y servicios artificialmente estancados en el tiempo y ausentes para la gran mayoría del país? Desde los productos de primera necesidad, hasta los precios de los alquileres, esto parece Alaska, pues el congelamiento de precios hizo que toda la cadena de producción y de distribución se haya visto afectada. ¿Cuándo se vio un país haciendo malabares para conseguir papel higiénico?

4) ¿Se atreverá a quitar el control de cambio, o siquiera a devaluar? Es más ¿se atreverá a desaparecer el mamotreto del ente controlador de las divisas llamado CADIVI? Si la culpa de todo lo tienen los ricos, ¿por qué no deja que el precio se determine según la oferta y la demanda? Qué paguen caro por la moneda imperialista!!! Pero todos saben que no es tan fácil. En un país en el que lo único que se produce (más o menos) constante es el petróleo, devaluar implicaría que TODO lo demás suba de precio, pues es importado.

Se da por descontado que utilice las herramientas naturales de política fiscal, es decir, aumento y/o creación de impuestos así como una mayor reducción en el gasto público. Aunque sería absurdo tomar medidas para aumentar los ingresos y luego gastarlos en mantener los mil millonarios subsidios, todo es posible en esta "revolución".

Sólo queda esperar. Los actos del show han sido muy bien planificados: hay una órden de cárcel para un ex gobernador, ex candidato presidencial, hoy alcalde opositor; un partido más en el Clásico Mundial de Beisbol (todos pendientes del juego de Venezuela); y es día sábado, o sea, no hay trabajo, estudios u otra actividad que movilice gente en las calles. Sólo queda esperar. ¿Se atreverá?

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domingo, 15 de febrero de 2009

Ganó el Sí, porque sí

Hace pocos minutos, la presidenta del Consejo Nacional Electoral dio lectura al primer boletín informativo (pero casi que definitivo) con los resultados del referéndum para la propuesta enmienda a la Constitución venezolana. Sin entrar en precisiones decimales, la opción del "Sí" obtuvo el 54% de los votos; es decir, Chávez puede ser candidato a la presidencia las veces que él desee sin limitación alguna, lo que fue llamado por la oposición la "reelección indefinida".

No obstante, desde mucho antes de la declaración de la autoridad electoral, se dio una "curiosa" arremetida en la calles de parte del oficialismo: ruidosos y cuantiosos fuegos artificuales, caravanas de motos, camionetas con parlantes a todo volumen (con canciones pro gobierno, o con la voz del mismo Chávez); todo como para -evidentemente- ir preparando el terreno o "atacar" sicológicamente al adversario, desmoralizándolo al extremo.

Al momento de redactar este artículo, Chávez se encuentra "encadenado" en radio y televisión, dando un discurso desde el Palacio de Miraflores. Ha vociferado, cantado, arengado con su acostumbrado patrioterismo; y como para asegurarse de que lo escuchen, ha mandado a colocar parlantes en las afueras de la sede de la petrolera estatal (PDVSA), cosa que atormenta a todos los habitantes de por lo menos 6 cuadras a la redonda. El mensaje es claro: la hegemonía comunicacional fue mia, es mia, y seguirá siendo mia.

Por la misma razón, la respuesta de la oposición a los resultados divulgados es hasta ahora (10.00 PM del domingo) desconocida y opacada por la cadena de Chávez, acción que asegura que nadie tenga la oportunidad de decir algo distinto a él y/o distraiga su mensaje. Sin embargo, la Venezuela que se mueve en Internet sí se ha manifestado y seguramente lo seguirá haciendo. Por ejemplo, los "estados" de cada miembro de la comunidad Facebook expresan la rabia, la incredulidad, pero sobretodo la impotencia, ante algo que hasta hace unas horas sonaba poco probable.

Venezuela tiene presidente para rato... pero el mismo, pues -en palabras de Chávez- él es indispensable y es el único que puede llevar adelante su llamada "revolución". El otrora país predilecto para los inmigrantes cambió (o lo cambiaron) y no se sabe hacia dónde va. Según los resultados del referéndum, se aprobó una enmienda, pero no se sabe cómo quedarán los artículos a modificar. Quien quita que se extiendan los mandatos de las autoridades (incluyendo el presidente, obvio), quien quita que se convoque a nuevas elecciones (para variar), quien quita que se diga y que pase cualquier cosa. Total ganó el Sí, porque sí.

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viernes, 6 de febrero de 2009

David y Goliat

Faltan apenas siete días para que en Venezuela se termine el lapso de campaña electoral, de cara al próximo referendo del 15 de febrero, proceso que se añade a la larga lista de comicios y consultas realizadas en los diez años que lleva en el gobierno Hugo Chávez.

Si algo caracteriza este proceso en particular -a menos de dos meses del realizado para elegir nuevos gobernadores y alcaldes- es el enorme, abrumador, gigantesco ventajismo del gobierno (o de Chávez, léase indistintamente) con la opción del "Sí" que promueve, frente a la modesta pero interesante campaña del "No" opositor.

Y es que a Chávez no le basta tener canales de televisión, canales internacionales, periódicos, radios, parlamentarios en campaña por el mundo, sino que empapela el país con carteles, avisos, pendones, y hasta utiliza los "Anuncios Google" para "atacar" a los venezolanos. Ante esta realidad, es risible -por decir lo menos- cuando personajes del entorno "chavista" hablan de una supuesta hegemonía de los opositores en los medios.

Es interesante el análisis de los mensajes del "Sí", pues lo que destaca es la ausencia de profundidad, de argumento y la presencia de contradicción con lo que supuestamente propone la enmienda constitucional. Y decimos "supuestamente" pues en ningún momento la Asamblea Nacional (que promovió la enmienda) ha dado a conocer como quedarían redactados los artículos a ser modificados, de ganar la opción del "Sí".

Chávez, en un inesperado golpe de timón, incluyó a última hora todos los demás cargos (además del suyo) en la propuesta de elección continua, ilimitada, indefinida, como quiera entenderse. Sin embargo, la publicidad siempre se ha referido única y exclusivamente a él, destacando su apellido como el centro de todo, casi convirtiendo -una vez más- el proceso en un plebiscito.

Desde el punto de vista comunicacional, ¿será efectiva la campaña del "Sí"? ¿logrará captar nuevos votantes a favor de Chávez? ¿logrará retener a sus supuestos millones de simpatizantes y/o inscritos en su partido socialista? Creemos que la respuesta es negativa.

Mientras los mensajes dificilmente tratan de convencer a una población cada vez más desencantada, el candidato-presidente, en reiteradas cadenas de radio y televisión, ataca, agrede, insulta y desprecia a todo aquel que lo adversa. ¿Quién puede comprar un producto que se vende como "amable" pero se degusta como "agresivo"?

De hecho, el principal contentor de Chávez no es algún líder opositor, sino miles, quizás millones de personas: los estudiantes universitarios. Con un mensaje sencillo, claro, didáctico y hasta educativo (con argumentos históricos y legales) le han dado fuerza a su mensaje, a pesar de no tener la fortaleza mediática del gobierno.

Sin duda es una lucha entre un David y un Goliat comunicacional, y aún quedan días de "coqueteos" entre ellos antes del combate final del 15 de febrero. La historia bíblica, ya la conocemos; la de Venezuela, está por verse.

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domingo, 7 de diciembre de 2008

Lo grande es insignificante... y viceversa

El pasado 23 de noviembre se realizó en Venezuela -para variar- otro proceso comicial. Esta vez, le tocó a la elección de gobernadores, alcaldes y representantes a las Asambleas Legislativas de los Estados en los que se divide el país. Los resultados ya son ampliamente conocidos aunque, dependiendo del enfoque que se le quiera dar (cuantitativo o cualitativo) la "victoria" puede ser atribuida al gobierno (ergo, Chávez) o a la oposición.

Y los números no mienten: 17 gobernaciones quedaron en manos "chavistas" y apenas 5 para la oposición. Sin embargo, ese "escuálido" quinteto opositor concentra la mayor cantidad de población en Venezuela -incluyendo el importante y estratégico Estado Zulia- así como la mayor concentración de riqueza económica, social e intelectual; sin menospreciar en absoluto a los otros territorios y mucho menos a su población.

Chávez, que en la madrugada del lunes admitió perder las más importantes plazas, desde un principio se dedicó a minimizar la victoria opositora con un tono calmado, coherente, muy de estadista. No obstante, ya entrado el día, volvió a aflorar el "estilo" de confrontación, de ataque y de ofensa, que ha caracterizado la forma de comunicarse del presidente venezolano con lo que el llama "el pueblo".

Tan insignificante fueron las pérdidas electorales que, en el transcurso de la semana que culmina, se le han venido despojando a los ganadores opositores el control real de áreas estratégicas para su gestión, tales como hospitales a su cargo, colegios y hasta la facultad de nombrar a los jefes de las policías de su jurisdicción. Como que lo se dijo pequeño, no lo es tanto.

Como si fuera poco, Chávez ha vuelto a insistir en un tema que supuestamente fue liquidado hace un año: la reforma a la Constitución que le permitiría reelegirse todas las veces consecutivas que el quiera. Hoy, en el inicio formal de su campaña comunicacional, ha vuelto a utilizar el truco de cambiarle las dimensiones a las cosas.

Para él -y lo ha dicho en cadena nacional, en un mitín, y a través de todas las radios y televisoras de señal abierta- lo que el propone es una pequeña enmienda, mínima: sólo pide eliminarle al artículo 230 la frase "...de inmediato y por una sola vez, para un período adicional". Es decir, quedaría de la siguiente manera: "El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la república puede ser reelegido o reelegida". Como que el cambio que se dice grande, no lo es tanto.

La comunicación política es quizás una de las formas más interesantes e inteligentes de transmitir mensajes. A través de ella -eticamente hablando- se espera alcanzar a los públicos para que entiendan una propuesta. Sin embargo, electoralmente hablando, sólo será exitosa si el público es convencido por el mensaje, sin importar la carga de verdad que éste tenga... así se diga que los elefantes tienen el peso de una hormiga. Total, la diferencia es "mínima".

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viernes, 2 de mayo de 2008

La cosecha del petróleo venezolano

El encarecimiento del petróleo viene dado por una multiplicidad de factores y no solamente porque alguien lo diga, sentencie o promueva. Una elevada demanda ante una producción limitada (y represada por algunos países), la insuficiente capacidad para la refinación, los incidentes geopolíticos (guerras en zonas petroleras) y la especulación en los mercados, son algunos de los elementos el que hoy nos encontremos hablando de un barril a más de US$ 100.

Algunas gotas de cultura petrolera

Existe una buena cantidad de tipos de petróleo crudo, los cuales se diferencian por su calidad, por los países que lo producen o por el mercado en el que se comercializa.

Los crudos de referencia, cuyos precios han alcanzado los mayores niveles en los mercados internacionales son: el West Texas Intermediate ("Petróleo Intermedio de Texas" - WTI), que se cotiza en el mercado electrónico de Nueva York (NYMEX); y el "Brent", que se negocia en Internacional Petroleum Exchange (IPE) de Londres y que sirve de referencia en Europa.

La llamada “Cesta Opep” es un conjunto de trece tipos diferentes de crudo, cuyos precios se promedian y se divulgan al día siguiente de su cotización. Su nombre obedece a que los productos que la conforman provienen de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep); sin embargo, no todos los crudos del cártel se encuentran ahí.

En el caso venezolano, también existe un conjunto de crudos que conforman la “Cesta Petrolera Venezolana”. La diferencia entre el WTI, el Brent, la cesta Opep y la venezolana se encuentra en su composición: a menor cantidad de azufre, se consideran más “ligeros” y son más aptos para la producción de gasolina y otros combustibles.

En el otro extremo, mientras más “pesados” sea el crudo, más complicado y costoso será su proceso de refinación. Por ello, el West Texas y el Brent suelen ser los más caros, le sigue la cesta Opep y la Cesta Venezolana tiene una cotización por debajo de todos ellos.

Al referirse a barriles de petróleo, muchos se imaginan un gran pote de metal, una especie de lata grande llena de crudo que se comercializa de un extremo a otro del mundo; pero no es así. El barril de petróleo es una medida ideal, una referencia, y equivale a 42 galones -es decir, 158,99 litros-, cantidades que son transportadas a través de oleoductos o buques petroleros de gran capacidad.

Negras incongruencias

La cotización referencial del barril de petróleo ya alcanzó los US$ 120, un nivel al que nunca nadie se imaginó que pudiera llegar. La cesta Opep ha pasado los US$ 110 y la cesta venezolana los US$105. Con ese crecimiento constante en los últimos años, podría preverse que el precio seguirá subiendo indefinidamente… pero no es así. Todo puede suceder, hasta un tremendo bajón ante las presiones que en el planeta pudieran surgir por la inflación mundial, crisis de alimentos, etc.

No obstante, esos descomunales ingresos no se han visto reflejados en el bienestar de la población venezolana, en la construcción de infraestructura –grandes obras, no puntuales- y mucho menos en el desarrollo económico del país. Venezuela, pese a la coyuntura del mercado petrolero, ostenta penosos niveles de pobreza, elevados índices de subempleo y una creciente fuga de cerebros; muy a pesar de lo que digan las estadísticas oficiales.

Países en la región que no poseen el negro recurso han crecido sostenidamente en los últimos cinco años y hay aumentado sus reservas internacionales en forma destacable. Inclusive, algunos han prepagado deudas contraídas con instituciones multilaterales. Muy por el contrario, Venezuela ha incrementado su deuda externa en forma exponencial y lo sigue haciendo a través de la emisión de bonos que buscan ilusoriamente mantener vigente un absurdo control de cambio y controlar los elevados niveles de liquidez monetaria.

El manejo político del petróleo

Ciertamente que Venezuela es privilegiada en el mundo por sus riquezas naturales. El petróleo, que para muchas naciones puede verse como la solución a sus problemas, puede verse en el país desde puntos de vista totalmente antagónicos.

Por referencias históricas está comprobada su existencia desde la época de la colonización española, pero no es hasta el siglo XX que se convierte en un factor, no solamente económico, sino –sobretodo- político.

Desde su “aparición” económica en 1875, en la Hacienda “La Alquitrana”, que dio pie a la constitución de la “Petrolera del Táchira”; pasando por 1914 -en el campo Mene Grande y el emblemático pozo “Zumaque I”-, hasta el año 1922 en que se inicia su explotación a gran escala; el petróleo en Venezuela ha sido el motor de una metamorfosis que hasta nuestros días tiene efectos paradójicos.

En la medida que el precio del barril de petróleo ha estado en alza en los mercados internacionales, y por consiguiente los ingresos del fisco nacional aumentan, los gobiernos de turno se han permitido dar algunos “lujos” sobre la base de medidas populistas, oportunistas y sin una visión de mediano o largo plazo.

Hasta ahora todos coinciden que el único gobierno que aprovechó al máximo la riqueza petrolera fue Marcos Pérez Jiménez. Aún en dictadura, el controvertido militar emprendió una serie de obras de infraestructura que hasta el día de hoy no han sido superadas, con las distancias y salvedades del caso. Tanto es así, que autopistas, corredores viales, edificios públicos y otras obras, siguen en pie y utilizándose.


Siembra Petrolera

La planificación de largo plazo, en lo que la industria petrolera se refiere, puede apreciarse en el llamado “Plan Siembra Petrolera”, el cual abarca el período 2005-2030, subdividido en un primer tramo hasta el 2012 y el segundo hasta el 2030.

De acuerdo con Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), para el primer período se estiman inversiones por US$ 56.000 millones, de los cuales el 70% debe ser aportado por la empresa y el 30% restante por el sector privado (US$ 16.800 millones).

El Plan comprende seis ejes identificados como: “Magna Reserva”, “Proyecto Orinoco”, “Proyecto Delta-Caribe”, “Refinación”, “Infraestructura” e “Integración”. Los cinco primeros están estrechamente ligados a la industria como tal y, de cumplirse a cabalidad, podrían fortalecer el negocio en forma importante.

Aunque es una clara alusión a la emblemática frase que estampara Arturo Úslar Pietri en 1936 –“sembrar el petróleo”- el Plan gubernamental no interpreta correctamente cómo debería sembrarse, dónde sembrarse y con quiénes llevar a cabo ese proceso.

La verdad de la siembra

De acuerdo con estimaciones privadas y cifras de organismos distintos a PDVSA, la producción venezolana ha disminuido en los últimos años o, en el mejor de los casos, se ha mantenido. Sin embargo, como los precios han aumentado vertiginosamente, los resultados en cifras monetarias han sido crecientes. Es decir, la producción petrolera medida en bolívares, bolívares fuertes o dólares seguirá creciendo en la medida que los precios aumenten; más no quiere decir que la producción esté creciendo.

La negativa de PDVSA a que sus cifras de producción y estados financieros sean auditadas por un ente externo abre una gama de posibilidades para especular sobre cual es la situación real de la industria petrolera venezolana.

Según se infiere de visitar su página web, la misión de PDVSA tiene como eje principal “…la exploración, producción, manufactura, transporte y mercadeo de los hidrocarburos, de manera eficiente, rentable, segura, transparente y comprometida con la protección ambiental; con el fin último de motorizar el desarrollo armónico del país…”; sin embargo, la sociedad es testigo de cómo la principal empresa nacional está siendo utilizada como comodín político y como “apaga fuegos” de la crisis económica que al gobierno le cuesta admitir.

En este sentido fue creada la empresa Producción y Distribución Venezolana de Alimentos (Pdval), con el fin de impulsar “…una de las políticas alimentarias del Gobierno Nacional para erradicar el acaparamiento, donde se espera abastecer a la población con diversos productos de la cesta básica” (sic), (Agencia Bolivariana de Noticias). En ese mismo orden, extraoficialmente se habla de la creación de una empresa (Pdvsalud, o algo similar) que ataque la crisis hospitalaria en el país, a través de la asociación o adquisición de clínicas privadas; obviamente, con recursos que PDVSA obtiene del negocios petrolero.

Es evidente que el “aporte” de la petrolera al gobierno ha sido destinado mayoritariamente al gasto corriente y no a la inversión productiva, es decir, a la verdadera “siembra”. El “aporte” de PDVSA a las “misiones” creadas por el gobierno -que tampoco tienen una visión de largo plazo y mucho menos pueden considerarse como parte de un plan de desarrollo nacional- también ha sido destinado al gasto con la agravante que, inclusive, los recursos no están siendo utilizados eficientemente.

Es el caso, por ejemplo, de la “Misión Ribas” que, según se informara en días pasados en la prensa nacional en relación con su desempeño en 2007, "los recursos de la transferencia proveniente de PDVSA no ingresaron en su totalidad, por lo que refleja un resultado negativo en el ejercicio económico".

¿Qué se ha cosechado?

La creación de empresas petroleras en naciones que tienen un mínimo potencial en el sector y en las que Venezuela se ha convertido en socia; el suministro de crudo o derivados a otras naciones en condiciones sumamente ventajosas; o inclusive la construcción de viviendas, de escuelas, envío de alimentos y otras labores “sociales”, pero en otras naciones; tienen la clara intención de cosechar irrestrictos apoyos políticos personales, mas no ganancias para la nación.

El manejo del producto, como de los ingresos que se perciben por su comercialización, permiten prever –sin ánimos de ser profeta del desastre- que lo del día de mañana no será necesariamente una buena cosecha, producto de una correcta planificación gerencial, sino un pesada carga que se transferirá como herencia a nuestros hijos.

El petróleo venezolano, 72 años después de la frase de Úslar, no ha sido sembrado. Por el contrario, está siendo utilizado -paradójicamente- para “apagar” el fuego de una crisis causada por el control de cambio, de precios, de todo.

(*) Artículo publicado en el encarte "Business al Día", del semanario Quinto Día, del 2 al 9 de mayo de 2008.


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viernes, 28 de marzo de 2008

Los bancos: ¿necesidad o lujo de una sociedad?

¿Quién no ha hecho una larga cola para cobrar un cheque en una agencia bancaria? ¿Quién no ha tenido algún problema con un cajero automático? ¿Quién no se ha asombrado cuando al final de mes ve en su estado de cuenta una serie de cobros por mantenimiento de cuenta, saldo mínimo, u otro extraño concepto? ¿Quién no ha tenido que ir al banco alguna vez en su vida? ¿Son indispensables los bancos para la sociedad?

Para algunos, los bancos son un “mal necesario”. Para otros, la solución a sus problemas financieros; pero para un sector de la población, pueden resultar hasta “inalcanzables”. Bancos grandes, pequeños, con muchas agencias, con cajeros automáticos, con cuentas manejables por Internet, los hay para todos los gustos.

En principio, las instituciones financieras son empresas y -como tal- su objetivo es generar utilidades para sus socios, dueños o accionistas. La labor primordial de un banco es la intermediación de recursos, es decir, ser receptor (de los ahorristas) y colocador de dinero (entre los prestatarios). La ganancia del negocio reside –básicamente- en la diferencia o margen existente entre los intereses que paga y los que cobra. La labor “social” o aporte a la sociedad de esta actividad económica se encuentra en que posibilita el financiamiento de otras actividades, en los diversos sectores económicos de la sociedad.

Así, por ejemplo, los ahorros de una familia depositados en un banco cualquiera son prestados a un empresario para que éste compre maquinaria nueva que le permita expandir su negocio. En la medida que el empresario devuelva el préstamo –con sus respectivos intereses-, el banco podrá pagarle a la familia el rendimiento de sus ahorros, asumir sus costos de operación (nómina, gastos generales, etc.) y obtener una utilidad.

En la medida que aumente el volumen de dinero en captaciones y colocaciones, el banco debería generar un círculo virtuoso de intermediación del dinero que apoye el crecimiento y desarrollo económico de una nación. Sin embargo, como todo en la vida, nada es perfecto.

Las fallas del mercado

Cuando “algo” no funciona bien, no cumple el objetivo que se busca, no es lo que se espera, no trabaja en su justa medida, solemos decir que ese “algo” tiene una “falla”. Del mismo modo, cuando en el mercado se presenta una situación de ineficiencia, los recursos no están siendo distribuidos o asignados de la mejor manera, no existe una estructura adecuada, o los costos no se ajustan a la realidad, los economistas solemos decir que existe una “falla de mercado”. En otras palabras, el libre mercado (o mercado perfecto) no está funcionando en forma correcta, o todavía no existe, por factores que generan distorsiones.

En este caso, ante la presencia de una falla se hace necesaria la intervención del Estado para corregir dicho problema, a través del establecimiento de “reglas de juego”, aporte de recursos, de bienes o inclusive haciendo el papel de un miembro más del mercado. Sin embargo, esta intervención estatal debería ser coyuntural y no permanecer en el tiempo pues, de ser así, podría generar nuevos desequilibrios o fallas de mayor envergadura.

Esto se explica pues el Estado, idealizado como la institución organizadora y reguladora de la sociedad, tiene como tareas exclusivas aquellas actividades que no pueden asignarse a ningún agente del sector privado, tales como la administración de justicia, la seguridad interna y externa, la defensa nacional, etc., por lo que al involucrarse en labores del sector privado (que no le corresponden) lo estaría haciendo desempeñando un papel de juez y parte.

El Estado banquero

Sobre la base de lo anterior, cuando se crean instituciones financieras de carácter público, es decir, cuyo único o mayoritario accionista es el Estado, éstas tienen per se ciertas ventajas que no poseen aquellas de capitales privados. La creación de bancos públicos o del Estado generalmente viene justificada en una “falla del mercado”, siendo la más argumentada la falta de atención financiera a un determinado sector económico de la sociedad o a algún grupo social en particular (por ejemplo, población de bajos recursos).

La experiencia en torno a la banca pública es variada en todo el mundo. Hoy en día, existen países industrializados en los que la banca pública concentra desde el 30 hasta el 50% de los activos bancarios. En los países en desarrollo, incluyendo los latinoamericanos, el peso de la banca estatal ha ido disminuyendo paulatinamente desde la década de los noventa, años que se caracterizaron por las privatizaciones y por la apertura de los mercados a la inversión extranjera, lo cual redundó en nuevos servicios para el público y la aparición de una mayor competencia, también beneficiosa para los consumidores.

En la actualidad, Costa Rica destaca como el país latinoamericano en el que la propiedad estatal tiene la mayor proporción del mercado; mientras que Panamá y México resaltan por una importante presencia de capitales extranjeros (propietarios de instituciones financieras). Sin embargo en todos los países también existen bancos de capital mixto (privado y público), así como grupos internacionales que han adquirido/absorbido bancos nacionales que posibilitan su presencia en el país (casos Grupo Santander, Grupo BBVA, entre otros).

No obstante, cada país es un caso particular totalmente distinto de otro. Hay naciones que se han visto más afectadas por crisis financieras internacionales, otras que han sufrido crisis bancarias nacionales (como Venezuela en 1994), países con fuerte presencia de inversiones y capitales extranjeros, etc.; todo lo cual ha tenido influencia en la conformación de su actual estructura financiera. Por ello, sentenciar como buena o mala la presencia de la banca pública en general es demasiado atrevido. Lo que si podemos afirmar es que la presencia de la banca pública debe evitar generar distorsiones en la sociedad o ser una competencia desleal para aquellas instituciones del sector privado.

El caso latinoamericano

Al colocar a la banca privada y pública en la balanza, a nivel latinoamericano, nos encontramos con características peculiares. En general, el factor común es la percepción de los usuarios hacia uno y otro lado: la banca privada es ágil, confiable, “buena”; mientras que la pública suele ser lenta, “insegura” y no tan “buena”.

Es paradójico, sobretodo, la percepción de inseguridad que se tiene de la banca estatal; ya que es el Estado, a través de ciertos organismos, el que suele regular, supervisar y hasta garantizar los depósitos del público en las instituciones financieras. Mal haría un Estado en garantizar o darle un manto de seguridad a la banca privada, descuidando a las suyas. Aunque en teoría, los fondos más “seguros” son aquellos bajo la tutela del Estado; en muchos países se cree todo lo contrario.

El calificativo de no tan “buena” que se gana la banca pública está muy relacionado con la formar de manejar, de gerenciar la institución. Un banco privado tienen que generar utilidades, sea como sea, atraer nuevos clientes y mantener los actuales. Un banco público no tiene como obligación obtener ganancias pues los gobiernos suelen asignarle un carácter “social” al negocio. Sin embargo, ello incide en que la institución se asemeje a un típico ministerio latinoamericano de los años ochenta: burocrático, lento y anticuado.

De hecho, en la gran mayoría de los países latinoamericanos la nómina estatal es depositada en bancos públicos, por lo que convierten a la institución financiera en una extensión más del aparato gubernamental.

El caso venezolano

En Venezuela el sistema bancario ha pasado por una serie de transformaciones profundas en los últimos 15 años. Es innegable que la crisis bancaria (a finales de 1993, pero evidente en 1994) fue el inicio de un proceso de recomposición postergada por muchos años.

Al “caer” el Banco Latino y otros tantos más por un “efecto dominó”, se evidenció que las instituciones financieras no estaban cumpliendo a cabalidad su labor de intermediación. Por el contrario, muchos capitales se “invirtieron” en la compra de edificios, empresas y otros activos fijos nada relacionados con el negocio y de muy poca liquidez. Según datos de la Superintendencia de Bancos, para finales de 1993 existían 132 instituciones financieras, de las cuales el sector privado poseía el 93,6% de los activos del sistema, el 5,7% pertenecía al sector público y apenas un 0,7% a capitales extranjeros. En el 2007, la banca privada posee el 61,56% de los activos del mercado, la pública el 10,52% y la extranjera un importante 27,9%; con apenas 59 instituciones, pero con un vertiginoso crecimiento de los activos en el período.


Un indicador del incumplimiento de la labor de intermediación se puede apreciar en la composición de los activos de las instituciones financieras: en vez de ser la cartera de créditos el que se lleve el mayor volumen, en muchos casos la inversión en títulos valores (bonos, letras, deuda pública) suele competir y hasta ser mayor que la anterior; ello no obstante la obligación de los bancos de otorgar créditos a diversos sectores de la economía con menores ventajas o con bajo acceso a la banca, tales como microempresas y sector agrícola, entre otros.

Mientras más “empapelados” estén los bancos (tener el dinero invertido en “papeles”: bonos, letras, acciones) más inactivo está el dinero, a pesar de que estén generando intereses. En este sentido, esta situación alimenta las fallas de mercado que por naturaleza pudieran existir en el mercado nacional.

Positivo y negativo

¿Qué ventajas y desventajas tiene la existencia de una banca pública? Entre los puntos a favor se puede mencionar, en primer lugar, el “poder” que tiene para propiciar un acomodo del mercado en el caso de que existan aquellas fallas que mencionáramos líneas antes.

En segundo lugar, el fuerte apoyo al proceso de acceso al crédito o “bancarización” de la economía (utilización del sistema financiero para el cobro/pago de las transacciones entre los agentes económicos, lo que posibilita la disminución del uso del dinero físico y la formalización de actividades informales). En otras palabras, promover que las personas sean usuarias/clientes del sistema financiero con sus diversos productos: ahorros y créditos.

Por último, el poder destinar recursos a sectores que no están siendo efectiva y eficientemente atendidos por la banca privada, ya sea porque “no es negocio” para ella, por la falta de garantías del prestatario (riesgo para el banco) o por no poseer una adecuada planta profesional que atienda a una determinada área económica.

Sin embargo, no todo es color de rosa. La banca pública tiene como principal punto en contra la politización, tanto en la toma de decisiones, como en su funcionamiento y establecimiento de políticas internas. En este sentido, el carácter “social” de la banca estatal se desvirtúa por intereses particulares, partidistas, electorales o gubernamentales.

Por otro lado, las estructuras organizacionales de los bancos del Estado corren un grave peligro si son manejadas como si fuese un ministerio (burocracia), bajo criterios personales, por ensayo y error, o si el personal es seleccionado por criterios distintos al aspecto profesional.

Por último, se encuentra la posibilidad de realizar prácticas de competencia desleal o comportamiento anticompetitivo, sobre la base de las ventajas que le da tener el apoyo estatal para sus actividades; lo cual a la larga pudiera generar distorsiones y desequilibrios en el sistema financiero.

Sana competencia

En la actualidad el sistema bancario se encuentra sujeto a una serie de controles, más allá de las regulaciones normales y saludables que debe tener toda institución financiera. Para empezar, las tasas de interés no están determinadas por el mercado (oferta y demanda) sino por límites establecidos por el Banco Central de Venezuela (BCV), en línea con la facultad que el ente tiene de manejar la política monetaria nacional.

Por otro lado, dado el uso y abuso del cobro de comisiones “por todo” –en algunos bancos privados, rayando con lo absurdo- el BCV también reguló recientemente dichos conceptos; sin dejar de mencionar la obligación de tener en sus respectivas carteras, préstamos a determinados sectores de la economía.

Obviamente todas estas “reglas de juego” tienden a poner orden a un sistema financiero nacional que hoy, en el 2008, se sigue transformando y aún tiene muchas imperfecciones. Las normas son de fiel cumplimiento para la banca privada y para la pública, lo que las obliga –a ambas- a ser más eficientes, competitivas e innovadoras.

En el sector estatal se aprecian esfuerzos hacia esa dirección, tales como el anunciado proyecto de unificación de la banca pública, en el que participan los bancos Industrial de Venezuela, del Tesoro, Agrícola de Venezuela y Banfoandes.

En el caso del sector privado, las energías se han venido enfocando hacia el uso de la tecnología, de Internet, del dinero plástico y en políticas de menores costos posibles, tanto para la institución como para el cliente. Sin embargo, puede percibirse –en algunas instituciones- el creciente descuido en el área de la atención al público y en el de la comunicación interna. Si bien es cierto que no existen los altos niveles de rotación de personal de años atrás, el descontento laboral suele afectar y reflejarse en la calidad del servicio.

Al final del día lo que interesa es que la sociedad, las personas, sean beneficiadas por la existencia de un sistema financiero confiable, seguro, competitivo y dinámico. Sin embargo, la presencia de instituciones que permitan al público invertir, ahorrar –de verdad- y de acceder al crédito no depende exclusivamente de normas, de regulaciones o de controles.

Está en manos del gobierno tener un programa económico sostenible, con objetivos claros, que posibilite a todos y cada uno de los habitantes de la nación desarrollarse en el campo que cada quien elija. Los bancos no son un lujo, no son sólo para ricos. Las instituciones financieras son un engranaje más de ese gran motor que es la economía y, como cualquier pieza, hay que hacerle mantenimiento o renovarla cuando sea necesario.

(*) Artículo publicado en el encarte "Business al Día", del semanario Quinto Día, del 28 de marzo al 4 de abril de 2008.


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viernes, 22 de febrero de 2008

Desabastecimiento del siglo XXI

Hablar, escribir, analizar la situación de desabastecimiento de alimentos en Venezuela –ya sea en productos terminados o materia prima-, es tratar la crónica de un problema anunciado. El país acaba de cumplir cinco años bajo el esquema de controles económicos que, más que regular o intentar acomodar una situación negativa, siguen generando serios desequilibrios en toda la economía y en la sociedad en general. Sin embargo, este padecimiento no es entendido por todos, mucho menos por las clases bajas que son las que padecerán los grandes estragos cuando el “modelo” sea insostenible.

En el caso de Venezuela, el tema no se limita al aspecto económico, ni debe verse desde ese único punto de vista. De hecho, el origen, su desarrollo y hasta su fin –que en algún momento sucederá- tienen necesariamente una arista política y, supuestamente, un tinte ideológico. Pero, ¿cómo es que funciona la economía y por qué los controles son tan dañinos para ella? Para entenderlo, explicaremos en forma muy sencilla algunas ideas económicas fundamentales.

Para empezar, cabe destacar que el mercado, ese sitio ideal, sin lugar establecido, sin paredes, sin límites; es decir, cualquier espacio sea físico o virtual, no se rige porque se tenga en mente una idea política, se sientan de derecha o izquierda, o sean del siglo XX o del XII, simplemente, confluyen alguien que demande y alguien que oferte. Cada uno de ellos tiene una necesidad que satisfacer, sea comprador o vendedor. Desde esa elemental óptica, las partes se ponen de acuerdo en el valor que le asignarán al bien, servicio o idea que ellas intercambiarán, en la mayoría de los casos, por dinero.

A mayor oferta, a mayor cantidad disponible de un bien, producto, servicio o idea, menor será el precio que estarán dispuestos a pagar aquellos que lo necesiten. De hecho, a mayor oferta, mejor para los demandantes, pues los vendedores tendrán que competir entre ellos para colocar sus productos, a través de rebajas, descuentos, promociones, etc. Aquellos que tengan menores costos, podrán vender más y barato; y eso también resulta positivo para los compradores. En otras palabras, el libre mercado, la competencia, el libre juego de la oferta y la demanda, no son malos para nadie; y en ningún momento hemos mencionado ideologías, tendencias políticas o supuestos que no vienen al caso: simple oferta y demanda.

La mano invisible

Adam Smith, considerado el padre de la economía política, allá por 1776, introduce el conocido término de la “mano invisible”, el cual no es más que la libre acción de la oferta y la demanda, o dicho de otra manera, la acción del libre mercado en la economía. Mientras esa fuerza invisible actué, movida para la satisfacción de necesidades de parte y parte, la asignación de bienes en la economía será adecuada y se ajustará a sí misma en el caso que exista algún factor que intente controlarlo.

En el caso de los controles en la economía, la “mano invisible” es reemplazada por una “mano peluda” (la del gobierno) que quiere intervenir y establecer su propio criterio; es decir, decirles a las partes a qué precio tienen que vender y comprar los productos que antes intercambiaban de mutuo acuerdo.

La motivación de implantar controles en la economía es la existencia de un escenario extremo, transitorio, anormal; como por ejemplo, una guerra, una situación de catástrofe u otra que esté afectando el trabajo normal de la “mano invisible”. Los controles (“mano peluda”) buscan ayudar, facilitar que la “invisible” siga trabajando y nunca busca –ni debe buscar- suplantarla. El gobierno, no puede sustituir al mercado pues no tiene la capacidad de pensar como todos y cada de uno de los miembros de la sociedad, no conoce sus necesidades, ni puede pretender imponer lo que cada persona desee para ella y para los suyos.

Inicio del desabastecimiento

Un empresario cualquiera –grande, mediano, pequeño- tiene una serie de costos para producir (o conseguir) lo que ofrecerá en el mercado. Luego, venderá a un precio con el que podrá cubrir esos costos y obtener una ganancia, la cual luego le permitirá reiniciar el proceso y aumentar su oferta en el mercado (sin dejar de mencionar que, de lo que gane, tiene que apartar una cantidad de dinero para comer). Si su precio es muy alto, nadie le comprará. Si su precio es muy bajo, no cubrirá costos y caerá en pérdidas. A un precio aceptable para los compradores, venderá, y el proceso se repetirá sucesivamente.

Si a ese empresario, el gobierno le dice el precio al que tiene que vender, según su propio criterio, según lo que él cree “justo”; es decir, el gobierno aplica un control de precios, se estará generando una distorsión en el mercado. Con toda seguridad el gobierno nunca obligará a nadie a vender caro; con toda seguridad tampoco obligará a vender al precio de mercado (pues para eso, mejor deja que actúe la “mano invisible”). Lo que sí hará, es obligar a vender a un precio bajo con el que algunos empresarios no podrán cubrir sus costos.

En este sentido, como nadie trabaja para tener pérdidas, una de las consecuencias de los controles de precios es influir negativamente en la oferta; en otras palabras, hacer que la cantidad de vendedores, de oferentes, de productores, se reduzca en el mercado. Los primeros que desaparecen son aquellas empresas que no tienen una gran infraestructura que le permita soportar una reducción de costos y aquellos cuyos ingresos no son suficientes para continuar con el proceso productivo.

De esta manera, la intervención del gobierno hace que haya una menor cantidad de productos para una misma (y hasta creciente) cantidad de personas que están acostumbradas a adquirirlos. La acción del gobierno, que quizás buscó normalizar una situación, termina por afectarla negativamente. El remedio es peor que la enfermedad, pues el control de precios genera desabastecimiento.

El malo de la película

El caso venezolano siempre ha sido muy particular. “Gracias” a la venta del petróleo, el Estado percibe un flujo constante de ingresos que le permite al gobierno tener y mantener una serie de gastos. Mientras más alto sea el precio del petróleo, más elevados serán los ingresos y mayor la cantidad de rubros en los que el gobierno puede gastarlos.

Ante una situación de desabastecimiento, generada por él mismo, y un flujo creciente de ingresos por el alza continua de los precios del petróleo, el gobierno se puede dar el lujo de importar aquellos productos cuya oferta nacional ha disminuido por el control de precios que el mismo impuso. Es decir, genera el problema, tiene la solución (por los dólares del petróleo) y los empresarios que desaparecieron, quebraron o simplemente se niegan a producir a pérdida, o con una ganancia mínima, quedan como los malos de la película.

El bueno y el feliz

En el sector de los alimentos, la situación es exactamente la misma: controles de precios que generan desabastecimiento y un gobierno que importa de todo para hacer quedar como desestabilizadores a aquellos que se niegan a trabajar de gratis.

Si a esto le agregamos otro control existente -el de cambio-, el entorno persiste y hasta se agrava. Si algún empresario quisiera importar alimentos o materia prima para su producción, debe pasar necesariamente por el trámite burocrático, autorización y bendición del ente rector y asignador de las divisas en el país: CADIVI. Si el empresario no consigue divisas de manera oficial, o el trámite es lento, se ve obligado a obtenerlas de otras fuentes, lo que seguramente aumentará su estructura de costos y, por consiguiente, debería afectar el precio al consumidor. Pero, como hay control de precios, mejor se dedica a otra cosa.

El bueno es el gobierno, que importa productos para la población. Total, él no tiene que pasar por ningún CADIVI y puede disponer de las divisas necesarias para comprar lo que sea, donde sea, a quien quiera. El malo es el empresario nacional que se niega a trabajar de gratis, a pérdida o a ganancia mínima, pues no tiene conciencia “socialista”. El feliz es el empresario extranjero (brasilero, argentino, uruguayo, iraní, etc.) que exporta sus productos como nunca hacia Venezuela, ahora socio comercial privilegiado, gracias al gobierno revolucionario que impone controles internos, pero compra sin control en el exterior.

Integración productiva o integración comercial

¿Es posible una integración productiva, en las actuales circunstancias? Definitivamente no. Sobre la base de los grandes desequilibrios económicos existentes, generados por el gobierno, por la instauración de controles de cambio, de precios, de tasas de interés, y todas sus consecuencias, los empresarios venezolanos no están en condiciones de igualdad con aquellos de otros países; cualquiera sea su tendencia política.

Mientras un empresario, un industrial nacional, tenga toda la serie de trabas para el desarrollo normal de sus actividades, ninguno podrá tener la capacidad estratégica ni operativa para integrarse con un socio del exterior. Inclusive, para ser un socio comercial debe tener la seguridad de que el flujo de divisas sea constante de lado y lado, lo cual ya tiene trabas por la existencia del control de cambio.

En estas condiciones, el único con la capacidad de ser un gran empresario, un gran industrial, es el Estado, administrado por el gobierno. Sin embargo, el Estado no está concebido para realizar dichas actividades, mucho menos si las que supuestamente tiene a su cargo no las cumple a cabalidad (léase, seguridad, justicia, servicios de educación y salud básicos, etc.) En las actuales condiciones, el Estado tiene la libre disposición de todas las divisas con lo cual puede comprar del exterior lo que sea y hasta asumir pérdidas a través de subsidios que otorgue a quienes compren los productos o bienes importados.

No obstante, este proceso que pareciera “saludable”, que pareciera que beneficia al “pueblo” no es más que destructor del aparato productivo nacional, destructor del mínimo sector empresarial venezolano, y consumidor/derrochador de los ingresos del petróleo que podrían destinarse a crear una verdadera infraestructura productiva e industrial nacional. Y todo esto sin dejar de mencionar el desempleo que genera el cierre de empresas, cualquiera sea su dimensión o sector.

Mal de muchos

Los controles de precios, de cambio y otras regulaciones a la economía no son cosa nueva en Latinoamérica y en otras partes del mundo. La Europa “socialista” de mediados del siglo XX, esa de regímenes de izquierda, con mentalidad centralista y estatista, creyó que los controles eran benignos para la economía y la población. La historia y las consecuencias en las sociedades que aplicaron el modelo son suficientes para juzgar la pertinencia de su aplicación.

En Latinoamérica, en la década de los ochenta (la década perdida) cuando se creyó que la intervención del Estado era la solución para los problemas que generó el sobreendeudamiento, los controles no hicieron más que agregarle rocas al Titanic. Nuevamente, la historia da cuenta de los grandes desequilibrios que generaron los controles en la economía y los grandes costos (económicos y sociales) que se tuvo que asumir para desmontarlos posteriormente.

Venezuela no es la excepción. Los brutales ingresos que el país ha tenido en los últimos años no han sido invertidos con una visión de largo plazo; por el contrario, han sido consumidos en el corto plazo para mantener una visión política personal y una ideología desfasada.

Los progresivos y disimulados ajustes de precio de algunos bienes de la cesta básica son muestras de que los controles no tienen sentido, y que generan más perjuicios que beneficios. Mientras se mantenga el esquema de controles de precios y de cambio (por mencionar los principales) seguirán las distorsiones en la economía y entre ellas el desabastecimiento.

No tiene ninguna justificación que un gobierno imponga, o trate imponer, una ideología a costa de destruir el aparato productivo nacional, a costa de que la población padezca para adquirir los bienes de primera necesidad o a costa de malgastar los recursos (ingresos por venta de petróleo) que hoy son abundantes pero mañana pueden dejar de serlo.

Ya sea que se tenga tendencia política de derecha, o de izquierda, es ineludible hacer severos ajustes económicos, en algún momento. El hambre, la decepción, la escasez, el desabastecimiento, no es capitalista o socialista; es simplemente consecuencia de una mala gerencia gubernamental.

Al final de la historia, lo único que quedará en Venezuela es el fallido intento de resucitar la mala experiencia de naciones que padecieron gobiernos con pensamientos seudo socialistas, de gobiernos que creyeron que el Estado es omnipotente. Al final de la historia, lo único seguro será la aplicación de un paquete de medidas económicas; el cual dejará actuar –como nunca debió dejar de ser- a la famosa “mano invisible”.

(*) Artículo publicado en el encarte "Business al Día", del semanario Quinto Día, del 22 al 29 de febrero de 2008.


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