domingo, 7 de diciembre de 2008

Lo grande es insignificante... y viceversa

El pasado 23 de noviembre se realizó en Venezuela -para variar- otro proceso comicial. Esta vez, le tocó a la elección de gobernadores, alcaldes y representantes a las Asambleas Legislativas de los Estados en los que se divide el país. Los resultados ya son ampliamente conocidos aunque, dependiendo del enfoque que se le quiera dar (cuantitativo o cualitativo) la "victoria" puede ser atribuida al gobierno (ergo, Chávez) o a la oposición.

Y los números no mienten: 17 gobernaciones quedaron en manos "chavistas" y apenas 5 para la oposición. Sin embargo, ese "escuálido" quinteto opositor concentra la mayor cantidad de población en Venezuela -incluyendo el importante y estratégico Estado Zulia- así como la mayor concentración de riqueza económica, social e intelectual; sin menospreciar en absoluto a los otros territorios y mucho menos a su población.

Chávez, que en la madrugada del lunes admitió perder las más importantes plazas, desde un principio se dedicó a minimizar la victoria opositora con un tono calmado, coherente, muy de estadista. No obstante, ya entrado el día, volvió a aflorar el "estilo" de confrontación, de ataque y de ofensa, que ha caracterizado la forma de comunicarse del presidente venezolano con lo que el llama "el pueblo".

Tan insignificante fueron las pérdidas electorales que, en el transcurso de la semana que culmina, se le han venido despojando a los ganadores opositores el control real de áreas estratégicas para su gestión, tales como hospitales a su cargo, colegios y hasta la facultad de nombrar a los jefes de las policías de su jurisdicción. Como que lo se dijo pequeño, no lo es tanto.

Como si fuera poco, Chávez ha vuelto a insistir en un tema que supuestamente fue liquidado hace un año: la reforma a la Constitución que le permitiría reelegirse todas las veces consecutivas que el quiera. Hoy, en el inicio formal de su campaña comunicacional, ha vuelto a utilizar el truco de cambiarle las dimensiones a las cosas.

Para él -y lo ha dicho en cadena nacional, en un mitín, y a través de todas las radios y televisoras de señal abierta- lo que el propone es una pequeña enmienda, mínima: sólo pide eliminarle al artículo 230 la frase "...de inmediato y por una sola vez, para un período adicional". Es decir, quedaría de la siguiente manera: "El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la república puede ser reelegido o reelegida". Como que el cambio que se dice grande, no lo es tanto.

La comunicación política es quizás una de las formas más interesantes e inteligentes de transmitir mensajes. A través de ella -eticamente hablando- se espera alcanzar a los públicos para que entiendan una propuesta. Sin embargo, electoralmente hablando, sólo será exitosa si el público es convencido por el mensaje, sin importar la carga de verdad que éste tenga... así se diga que los elefantes tienen el peso de una hormiga. Total, la diferencia es "mínima".

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